Estudios Bíblicos en Siguiendo sus Pisadas

La verdad de Dios

Por Robert Deffinbaugh
Traducido por Juanita Contesse G.

Introducción

Justo antes de rendirse ante la presión de la muchedumbre y de ordenar la crucifixión de nuestro Señor Jesucristo, Pilato hizo una de las preguntas más trágicas de la Biblia:

“Le dijo entonces Pilato:  ¿Luego, eres tú rey?  Respondió Jesús:  Tú dices que yo soy rey.  Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad, oye mi voz.  Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad?  Y cuando hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos, y les dijo:  Yo no hallo en él ningún delito”  (Juan 18:37-38).

Debido a que la pregunta de Pilato es una respuesta a las palabras de nuestro Señor, es mucho más perturbadora.  Cuando Pilato le preguntó a Jesús si Él era un rey, Jesús dijo que lo era.  Él no podía responder de otra forma debido a Su naturaleza.  Jesús “era la verdad” (ver Juan 14:6) y no podía responder a la pregunta de Pilato sin decir la verdad.  Pero Jesús continuó diciendo que Sus exigencias, que estaban en la verdad, no serían aceptadas por aquellos que “no eran de la verdad”.  Los que “eran de la verdad”, oirían Su voz y le recibirían como su Rey.

La respuesta de Pilato, es perturbadora.  Estaba actuando como el juez que debía emitir su juicio sobre nuestro Señor.  ¿Era Jesús un revolucionario peligroso que intentaba negar las reglas romanas y establecer Su propio reino?  El juicio debía ser consecuente con la verdad:

“Estas son las cosas que habéis de hacer:  Hablad verdad cada cual con su prójimo.  Juzgad según la verdad y lo conducente a la paz en vuestras pruebas”  (Zacarías 8:16).

Qué triste es oir que el mismo juez desdeña la verdad.  Peor aún, aunque él tuvo conciencia de la inocencia de Jesús,  le permitió a la muchedumbre crucificar a nuestro Señor.  Su juicio ciertamente, no estuvo de acuerdo a la verdad.

Las palabras de Pilato demuestran que él no era “de la verdad”.  Observen que él no pregunta:  “¿Cuál es la verdad?  Si hubiera hecho esta pregunta, habría indicado un deseo de conocer la verdad y habría actuado de acuerdo a ella.  En vez de ello, su pregunta:  “¿Qué es la verdad?”. Indica su cinismo.  Al parecer, Pilato duda que alguien puede conocer  la verdad, incluso saber si la verdad existe.  Para Pilato, la verdad era cualquier cosa que alguien quería creer que era verdad.  Jesús creía que Él era un Rey; los escribas y fariseos proclamaban que Él era un fraude, un traidor, una amenaza tanto para el judaísmo como para Roma.  Pilato dudaba que la verdad pudiera ser conocida o que si realmente tenía alguna importancia.

Desearíamos que la visión que Pilato tenía de la ‘verdad’ fuera sólo suya, o por lo menos que estuviera limitada a la gente de sus días y a su cultura.  Lamentablemente, debemos reconocer que también es el punto de vista en nuestra época.  Recientemente, he estado leyendo sobre el tema de la ‘verdad’ y lo que he encontrado está muy lejos de darnos ánimo.  David Wells ha escrito un libro excelente:  No Hay Lugar para la Verdad, subtitulado:  Lo que le ha Sucedido a la Teología Evangélica.  Otra obra excelente es el libro titulado Hecho en América:  La Forma del Evangelismo Americano Moderno [1] de Michael Scott Horton, del cual he citado varias citas muy perturbadoras.  Horton nos recuerda que el mundo secular ha llegado a creer más en la ciencia que en las Escrituras cuando se trata de discernir cuál es la verdad; pero la ciencia nunca podrá cumplir con la tarea de dar respuesta a las preguntas más profundas, por lo que los hombres necesitan saber cuál es la verdad:

“Sir John Eccles, ganador del Premio Nobel, pionero en la investigación del cerebro, observa que la ciencia, al tratar de contestar preguntas más allá de su competencia, se reduce a la superstición.  «La ciencia», dice, «es incapaz de explicar la existencia de cada uno de nosotros como un ser único, como tampoco puede responder a preguntas fundamentales como:  ¿Quién soy?  ¿Por qué estoy aquí?  ¿Cómo llegué a este lugar y en este tiempo?  ¿Qué sucede después de la muerte?  Todas estas son misterios que están más allá de la ciencia».  Con la llegada del Siglo de las Luces, la ciencia desplazó al cristianismo como la autoridad intelectual; pero cuando la ciencia fue incapaz de proveer respuestas adecuadas, el relativismo reemplazó a la ciencia” [2]

El relativismo ahora ha reemplazado al absolutismo el que tiene sus raíces en la confianza relacionada con nuestra habilidad de conocer la verdad a partir de las Escrituras.  Este relativismo es especialmente evidente en el ámbito de la educación.

«El propósito de la educación actual», dice Bloom, «no pretende hacer escolares, sino proveerles una virtud moral:  la apertura.  Hay una cosa de la cual los profesores pueden tener la certeza absoluta», según Bloom, «casi todos los estudiantes al entrar a la universidad, creen, o dicen creer, que la verdad es relativa».  Los estudiantes «tienen causas sin contenido.  La razón ha sido reemplazada por un compromiso descuidado, por un sentimentalismo de mala calidad y por una conciencia en alza».  ¿Es que no podemos decir lo mismo de nuestra subcultura evangélica contemporánea? [3]

«En la entrada de la universidad», escribe Bloom, «está escrito de muchas formas y en varios idiomas, lo siguiente:  <<La verdad no existe —al menos aquí>>»  En una cultura narcisista, «la verdad ha dado lugar a la credibilidad, a declaraciones que suenan autoritativas sin tener ninguna información de autoridad» [4]

E.D. Hirsch, Jr., se refiere a la educación pública actual, como:  <<Educación estilo cafetería>>.  «Ya no existe una aceptación generalizada de conocimientos o creencias.  En los actuales catálogos para seminarios y universidades evangélicas, podemos descubrir una similitud estremecedora con la <<educación estilo cafetería>>.  Si los evangélicos no son capaces de alcanzar un ánimo común en las convicciones y defenderlas, ¿cómo podemos criticar al mundo por hacer lo mismo?  Recuerden la observación de Marty acerca de los evangélicos que ‘llegan y eligen verdades como si estuvieran en la fila de la cafetería’ [5]

No debe sorprendernos que el mundo secular haya alcanzado un punto de desesperación al conocer la verdad, o incluso si es que existe algo tan universal, como la verdad inmutable.  Pero Horton señala la trágica verdad a la que incluso los evangélicos han sucumbido bajo las presiones culturales —que ahora ven la verdad en la misma forma relativa que lo hace el mundo secular.

Francis A. Schaeffer, señaló:  «T.H. Huxley habló como un profeta …cuando dijo que llegaría el día en que la fe se separaría de todo hecho, y la fe seguiría triunfadora para siempre»  Después de todo, esto es lo Immanuel Kant propuso y en los que Soren Kierkegaard trabajó… el famoso salto de la fe.  Schaeffer continúa:  «Aquí es donde no sólo los teólogos liberales obran, sino que también los evangélicos, los teólogos ortodoxos que comienzan a suavizar el tono de la verdad, la verdad proposicional de las Escrituras, dadas a nosotros por Dios» [6]

La mayoría de los estudiantes de las universidades evangélicas y de los s de seminarios —más de la mitad, de acuerdo a James Davison Hunter— creen que «la Biblia es la Palabra inspirada de Dios, sin errores en sus enseñanzas; pero no deben tomarse siempre en forma literal en las declaraciones relacionadas con asuntos de ciencia, reportajes históricos, etc.».  Más aún, «No se puede hablar de la verdad última per se, sólo de la verdad última para cada creyente.  En otras palabras, la mayoría de los estudiantes en instituciones evangélicas ya han aceptado el relativismo de su cultura y con ello, la concesión liberal y neo-ortodoxa de que la fe en Cristo es un asunto espiritual que no depende de los hechos históricos externos y objetivos» [7]

La Reforma ocurrió porque un puñado de hombres buenos estaba firmemente convencido que la Palabra de Dios es la verdad y que las visiones de los individuos, de las culturas e incluso de la iglesia, no pueden y no deben profesar o practicar ninguna otra ‘verdad’ que no pueda defenderse con las Escrituras.  La predicación debilitada y desvirtuada tan típica de nuestro tiempo, también fue la norma en los días previos a la Reforma.  La paráfrasis de Horton de Lutero y Calvino, y su referencia a la evaluación de Calvino sobre la predicación de sus días, son simpáticas:

«Martín Lutero y Juan Calvino, lo pusieron en estas palabras:  ‘La Biblia en sí misma, no es ambigua acerca de estos temas que estamos discutiendo —¡la iglesia lo es!’  Mal dispuestos a ser vulnerables a la peligrosa enseñanza de la Escritura, la iglesia se rehusó a tomar decisiones teológicas —hasta que la Reforma no les dio otra opción.  De hecho, al final de la Reforma, existían doce escuelas de pensamiento teológico compitiendo en la Universidad de París.  Calvino dijo:  ‘Rara vez un ministro se subió al púlpito a enseñar…  No, ¿qué sermón se podía escuchar del que las pobres viudas podían deducir más antojos que los que podían idear al lado de sus fogones en sus casas, en un mes?» [8]

Necesitamos otra Reforma.  Necesitamos un compromiso renovado hacia la verdad tal como lo encontramos en las Escrituras y tan resumido como se encuentra en las proposiciones teológicas y doctrinarias.  La verdad  encuentra su origen en Dios, en Su encarnación en Jesucristo y en su manifestación actual en la Palabra escrita de Dios en la Biblia.  Nuestra lección considerará el hecho que la verdad sólo viene de Dios, porque Dios es verdad y la fuente de toda verdad.

La Verdad de Dios y la Caída del Hombre

Siempre he pensado que el tema fundamental sobre el cual yace la caída del hombre en el Jardín del Edén, fue la autoridad.  La autoridad desempeña un rol importante en la caída y tanto en la creación (1ª Corintios 11:7-10) como en la caída (1ª Timoteo 2:9-15), sirven como la base de los principios de autoridad de Dios en el Nuevo Testamento.  La ‘cadena de mando’ de Dios, estuvo claramente invertida en la caída, pues la criatura (la serpiente) condujo a la mujer y la mujer condujo al hombre.  Sin embargo, ahora veo que el tema fundamental en la caída del hombre en el Jardín del Edén (para Eva por lo menos) [9] , fue el tema de la verdad.  ¿Quién decía la verdad, Dios o Satanás?  ¿A quién se le debía creer?  ¿A quién se le debía obedecer?  Las respuestas a estas preguntas dependen de quién se piensa que está diciendo la verdad.

¡Qué increíble que Eva le creyera a una serpiente y no a Dios!  En el primer capítulo del Libro de Génesis, la narración de la creación es dada con la reiteración de la expresión:  “Y Dios dijo…”, seguido por:  “y fue así” (o palabras similares):

“Dijo también Dios:  Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco.  Y fue así”  (Génesis 1:9).

Satanás tomó la forma de una serpiente, un ser creado.  Comenzó cuestionando el mandamiento de Dios, con relación a comer los frutos de los árboles del jardín.  Distorsionó el mandamiento y al hacerlo implicó que Dios estaba reteniendo más de lo deseable.  Por inferencia, formuló una pregunta concerniente a la bondad de Dios.  ‘¿Cómo podía  Dios ser bueno y retener tanto de lo que es bueno?’  Finalmente, virtualmente dice que Dios es un mentiroso al asegurarle a Eva: “No moriréis”  (Génesis 3:4).  Y así Eva debe elegir a quién creer —quién está diciendo la verdad.  Eva hizo la elección equivocada.  Dios es la fuente de verdad; Satanás es la fuente de la mentira y el engaño.

Encontramos en el principio de la Biblia una lección que debemos aprender.  Dios es verdad y Él siempre habla de la verdad.  Satanás es un mentiroso en quien podemos descansar para mentir.  Satanás es el gran engañador, quien desde el Jardín del Edén en adelante ha estado buscando la forma de conducir a hombres y mujeres por el mal camino, alejándolos de la verdad y engañándoles para que crean en sus mentiras.

La Ley del Antiguo Testamento y la Verdad de Dios

En el Antiguo Testamento, rara vez Dios habla a los hombres en voz alta y personal.  Cuando habló, el tiempo comprobó que Sus promesas eran verdaderas y confiables.  Abraham y Sara tuvieron un hijo a avanzada edad, tal como Dios lo había dicho (Génesis 12:1-3; 13:16; 15:1-6; 17:1-8; 18:9-15; 21:1-5).  Israel estuvo 400 años en cautiverio egipcio, tal como Dios se lo indicó a Abram (Génesis 15:13-14; Éxodo 12:40-41).

Poco tiempo después que la nación de Israel atravesó el Mar Rojo, Dios les dio la Ley.  Esta Ley fue revelada a los hombres, como la verdad de Dios.  La respuesta del hombre a esta verdad era un asunto de vida y muerte (ver Deuteronomio 30:15, 19).  Cuando Dios le reveló Su gloria a Moisés, proclamó que Él era la fuente abundante de la verdad:

“Y pasando Jehová por delante de él, proclamó:  ¡Jehová!  ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad”  (Deuteronomio 34:6).

Es así, que cuando la Ley fue dada por intermedio de Moisés, fue dad como una verdad de Dios y esta es la forma como la vieron los judíos que creían en Dios:

“Tu justicia es justicia eterna, y tu ley es verdad”  (Salmo 119:142).

“Cercano estás tú, oh Jehová, y todos tus mandamientos son verdad”  (Salmo 119:151).

“La suma de tu palabra es verdad, y eterno es todo juicio de tu justicia”  (Salmo 119:160).

La Ley de Dios es Su verdad revelada a Su pueblo.  Los profetas fueron enviados por Dios, no sólo para dar una mayor revelación concerniente a eventos futuros, sino para interpretar la Ley y mostrar a los hombres cómo debía aplicarse la Ley.  Satanás, el gran engañador, también tuvo su vocero, los falsos profetas, que buscaron alejar el pueblo de Dios de la verdad que provenía de la Palabra de Dios.  Moisés advirtió a los israelitas acerca de tales falsos profetas.  De hecho, señaló que la respuesta de los israelitas a los falsos profetas era una prueba de su amor por Dios:

“Cuando se levantare en medio de ti profeta, o soñador de sueños, y te anunciare señal o prodigios, y si se cumpliere la señal o prodigio que él te anunció, diciendo:  Vamos en pos de dioses ajenos, que no conociste, y sirvámosles; no darás oído a las palabras de tal profeta, ni al tal soñador de sueños; porque Jehová vuestro Dios os está probando, para saber si amáis a Jehová vuestro Dios con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma.  En pos de Jehová vuestro Dios, andaréis; a él temeréis, guardaréis su voz, a él serviréis, y a él seguiréis.  Tal profeta o soñador de sueños ha de ser muerto, por cuanto aconsejó rebelión contra Jehová vuestro Dios que te sacó de tierra de Egipto y te rescató de casa de servidumbre, y trató de apartarte del camino por el cual Jehová tu Dios te mandó que anduvieses; y así quitarás el mal de en medio de ti”  (Deuteronomio 13:1-5).

Se asumió que algunos falsos profetas tenían la habilidad de desarrollar falsas señales y maravillas.  De esto se podría concluir que el profeta debía ser un vocero enviado por Dios; pero Moisés señala que no es necesariamente así.  Un profeta no sólo debe ser capaz de cumplir lo que promete, sino que su revelación debe estar conforme a la Ley que Dios ha revelado recientemente.  Los profetas pueden en realidad dar nuevas revelaciones; pero siempre deben estar de acuerdo con lo que Dios ya ha revelado.  De hecho, la Ley provee los márgenes del programa de Dios para la historia y los últimos profetas simplemente agregaban los detalles.  Si la palabra de un profeta se contradecía con la Ley, era un falso profeta y debía ser sometido a muerte.  Ningún profeta que aparta a los hombres de amar y servir a Dios, es un profeta verdadero i ningún israelita verdadero se atreverá a ver que aquel profeta merece la muerte.  Aquellos que verdaderamente aman a Dios con todo su corazón y alma, odiarán la falsedad.  El amor por Dios significa odiar el mal (ver Romanos 12:9).

Un poco después, en el Libro de Deuteronomio, Moisés tiene más que decir acerca de los profetas.  Dios ha revelado la verdad por medio de Moisés, el gran profeta a través del cual fue entregada la Ley; pero Dios debía revelar cosas aún más sorprendentes a través del Mesías, un profeta como Moisés, quien aún tendría que llegar:

“Porque estas naciones que vas a heredar, a agoreros y adivinos oyen; mas a ti no te ha permitido esto Jehová tu Dios.  Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis; conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo:  No vuelva yo a oir la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.  Y Jehová me dijo:  Han hablado bien en lo que han dicho.  Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.  Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.  El profeta que tuviere la presunción de hablar palabra en mi nombre, a quien yo no le haya mandado habar, o que hablare en nombre de dioses ajenos, el tal profeta morirá.  Y si dijeres en tu corazón:  ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no ha hablado? ; si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado, con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él”  (Deuteronomio 18:14-22).

La palabra clave en este pasaje, es oir.  Los paganos oyen a los falsos profetas y ellos son alejados de Dios.  El pueblo de Dios no deben oir a estos falsos mensajeros.  Y, ¿cómo puede el pueblo de Dios saber la diferencia entre lo falso y lo verdadero?  En los versículos 21 y 22, Moisés dice que la prueba para un profeta es si sus palabras se cumplen.  Aquellos cuyas profecías no se hacen realidad, son falsos profetas.  Si las palabras de un profeta llegan a ser verdad, esto no prueba que es un profeta verdadero, pues sus palabras deben ser consecuentes con la revelación de la verdad de Dios en la Ley (Deuteronomio 13:1-5).

La persona central de este pasaje es nuestro Señor Jesucristo.  Su venida es predicha al unírsele a Él con Moisés, Su predecesor.  De la misma manera que Moisés fue a través de quien Dios reveló Su Ley y a través de quien Él estableció Su Pacto (mosaico), Dios hablará por medio del Mesías, quien introducirá e implementará el Nuevo Pacto.  Él es Aquel que es más grande que Moisés.  Cuando Él aparece, levantado por Dios, el pueble debe oirle a Él.

Este pasaje de Deuteronomio 18, es fascinante.  Moisés recuerda a los israelitas de lo que su padre ha pedido en la base del Monte Sinaí.  Ellos no sólo estaban asustados al ver la gloria de Dios (como está manifestada en el gran fuego, 18:16), incluso estaban asustados al oir a Dios.  Las palabras de Dios en realidad, ¡fueron poderosas y asombraron a Su pueblo!  Solicitaron que ellos no oyeran hablar a Dios y que Moisés fuera Su intercesor.  Que permitiera que Moisés le hable a Dios cara a cara y que después les dijera lo que él había oído.  Me asombra que Dios haya ordenado a Su pueblo formular esta solicitud (ver 18:17) y que después procediera a hablar de la venida de uno como Moisés, que hablaría en Su nombre y a quien los hombres deberían oir.  (Deuteronomio 18:15, 19).

El comentario más amplio de Deuteronomio, ayuda a explicar esta profecía citada en los versículos 15-19.  En Deuteronomio 18:15-19, Moisés se está refiriendo a los eventos descritos en Éxodo 20:18-18, las cosas de la historia de Israel que Moisés recordó a la segunda generación de israelitas en Deuteronomio 5:23-27.  Pero en ambos textos, nada se dice de un “profeta como Moisés”, a quien Dios levantaría.  Y aún así, Moisés señala que Dios le ha hablado de Él en aquel tiempo (Deuteronomio 18:16-19).  Aquí tenemos otro ejemplo de la revelación progresiva, incluso en el Pentateuco (los primeros cinco libros de la Biblia).  Las palabras de Moisés en el Capítulo 18, arrojaron mucha luz en lo que leemos en Deuteronomio 5:29 y más tarde, en el Capítulo 30, versículos 1-6.  Es el Señor Jesucristo, el “profeta como Moisés”, el que “circuncidará los corazones” del pueblo de Dios y quien les dará un corazón para temerle y obedecerle Sus mandamientos.  Esto lo veremos cumplido a medida que leamos el resto del Antiguo Testamento y enfocamos nuestra atención en la venida de Jesús como el Mesías prometido en el Nuevo Testamento.

Jesucristo, la Verdad del Dios Encarnado

Mientras nos aproximamos a la presentación formal del Señor Jesús en los Evangelios, tengamos en mente varias consideraciones relacionadas con el Mesías, que tanto Moisés como otros profetas del Antiguo Testamento señalaron que describirían a Aquel que Dios levantaría como el “profeta como Moisés”:

(1)   Él sería un profeta (Deuteronomio 18:15)

(2)   Él sería un profeta como Moisés  (Deuteronomio 18:15)

(3)   Lo levantará Dios de entre ustedes  (Deuteronomio 18:15)

(4)   Él sería un mediador entre los hombres y Dios, hablándoles de Dios, de lo que había oído mientras estaba en la presencia de Dios  (18:16-18)

(5)   Le daría al pueblo de Dios un corazón nuevo, que amaría y obedecería a Dios  (Deuteronomio 5:29; 29:4; 30:1-6)

(6)   Él no aboliría la Ley, sino que más bien la escribiría en el corazón de los hombres  (5:29; 29:4; 30:1-6; Jeremías 31:31-34)

(7)   Introduciría e implementaría un pacto con Dios  (Éxodo 23:19ss., Jeremías 31:31-34)

(8)   Los hombres le reconocerían por el hecho que todo lo que Él dijera se haría realidad —por señales y maravillas hechas por Sus manos (Deuteronomio 18:21-22)

(9)   Él era a quien los hombres debían oir  (18:15, 19).

El Señor Jesús cumplió perfectamente todos estos requerimientos proféticos.  Consideremos alguno de los paralelos que hace el Nuevo Testamento entre el Señor Jesús y Moisés:

(1)   Moisés fue divinamente librado de la muerte en su infancia, al igual que el Señor Jesús  (Éxodo 2:1-10: Mateo 2:1-15)

(2)   Ambos fueron sacados desde Egipto  (Éxodo 12-14; Mateo 2:13-15)

(3)   Moisés subió a un monte y recibió la Ley, enseñando después al pueblo su significado (Éxodo 18:19-20); Jesús también subió a un monte y enseñó el significado de la Ley (Mateo 5:7)

(4)   Por medio de Moisés, Dios les dio pan para comer a los israelitas; Jesús habló tanto del pan como del agua, que darían la vida eterna e hizo la señal de alimentar a los 5.000 (Éxodo 15:17; Juan 4:1-14; 6:1-14) [10] .  Cuando Moisés bajó del monte, su rostro brillaba con la gloria de Dios (Éxodo 34:29-35)); cuando Jesús estaba en el monte de la transfiguración, todo Su cuerpo brillaba con la gloria de Dios (Mateo 17:2).  En el monte de la transfiguración, ¿quién otro debería aparecer sino Moisés y Elías?  (Mateo 17:3).

Consideremos otros detalles en la manera en que el Señor claramente cumplió la profecía de Deuteronomio 18.  Moisés le contó al pueblo que cuando un profeta como él apareciera, Él sería levantado por Dios.  Los acontecimientos del milagroso nacimiento virginal del Señor, nos deja claro que Jesús fue levantado por Dios.  El apóstol Juan quiere hacernos saber que Jesús es la verdad enviada por Dios:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.  Este era en el principio con Dios.  Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho.  En él estaba la vida, y la vida era la luz delos hombres.  La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.  Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.  Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.  No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.  Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.  En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.  A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.  Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.  Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.  Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo:  Este es de quien yo decía:  El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo.  Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.  Pues la ley por medio de Moisés fue dada; pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.  A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”   (Juan 1:1-18)..

Jesús es la Palabra de dios, la Palabra que existió con Dios desde la eternidad pasada y que después fue enviada por Dios a los hombres.  Él es el Creador de todas las cosas.  Él es la fuente de vida.  Él es la “luz”.  Veo que esa “luz” es un símbolo de la verdad.  Juan el Bautista, no era la “luz”, sino un testigo al hecho de que Jesucristo era la “luz” del mundo.  Los hombres no recibieron a Jesús como la verdad, porque Su “luz” (Su verdad) revelaba su personalidad.  Los pecadores aman la oscuridad (el error, lo que es falso), porque suponen que ello esconde su pecado.  Aún cuando Él hizo el mundo, el mundo no le reconoce, porque los hombres son malvados y desdeñan la luz de la verdad, que revela nuestro pecado.  Es al Señor Jesús a quien testifica Juan, quien personificó “la gracia y la verdad”.  Aunque ningún hombre ha visto alguna vez a Dios, Él se apareció encarnado, en la persona de Su Hijo, Jesucristo.  Es Él que explica o revela al Padre a los hombres.

Cuando Jesús se salió de Su camino para pasar por Samaria (Juan 4:3-4), se encontró con una mujer junto al pozo donde Él se había detenido a descansar y a refrescarse.  Le habló a la mujer acerca del “agua viva”; pero ella no le comprendió y tampoco se dio cuenta de quién era Él.  Y después, Jesús dijo estas palabras:

“Jesús le dijo:  Vé, llama a tu marido, y ven acá.  Respondió la mujer y dijo:  No tengo marido.  Jesús le dijo:  Bien has dicho:  No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.  Le dijo la mujer:  Señor, me parece que tú eres profeta”  (Lucas 4:16-19).

¿Qué fue lo que hizo que esta mujer viera a Jesús de otra forma?  ¿Por qué ahora percibió que Él era un profeta?  Porque Jesús le dijo algo que Él, como extranjero, era imposible que supiera.  Él sabía la verdad acerca de ella, toda la verdad fea y sórdida.  El Profeta habló de la verdad acerca de ella.  Jesús, razonó correctamente, era un profeta.  Y sí lo era; el Profeta.

Un poco más tarde en Su conversación con esta “mujer junto al pozo”, Jesús habló de la verdad:

“Mas la hora viene,  ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.  Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y  en verdad es necesario que le adoren”  (Juan 4:23-24).

Jesús le dijo a esta mujer que Dios estaba buscando “verdaderos adoradores”.  Los verdaderos adoradores deben adorar al Padre “en espíritu y en verdad”.  Dios es Espíritu y Él es verdad.  Dios necesita que la adoración de los hombres sea compatible con Su naturaleza.  Por tanto, los hombres deben adorar a Dios en el Espíritu Santo y de acuerdo a la verdad.  Y, por cuanto Jesús es el Hijo de Dios, por cuanto es divino, Él como Dios, es también la verdad:

“Jesús le dijo:  Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”  (Juan 14:6).

Nadie puede ir al Padre —para adorarle o para salvación— si no es a través de Jesucristo, quien es la Verdad del Dios Encarnado.

De la misma manera que Moisés le habló a los israelitas comunicándoles que había oído de Dios mientras estaba en Su presencia, nuestro Señor Jesús es el Único que ha estado con Dios en Su Presencia y es Él quien le habla a los hombres de lo que Él ha aprendido del Padre:

“Entonces le dijeron:  ¿Tú quién eres?  Entonces Jesús les dijo:   Lo que desde el principio os he dicho.  Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros; pero el que me envió es verdadero; y yo, lo que he oído de él, esto hablo al mundo.  Pero no entendieron que les hablaba del Padre.  Les dijo, pues, Jesús:  Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo.  Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada.  Hablando él de estas cosas, muchos creyeron en él.  Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él:  Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la vedad, y la vedad os hará libres.  Le respondieron:  Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie.  ¿Cómo dices tú:  Seréis libres?  Jesús les respondió:  De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.  Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre.  Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.  Sé que sois descendientes de Abraham; pero procuráis  matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros.  Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre.  Respondieron y le dijeron:  Nuestro padre es Abraham.  Jesús les dijo:  Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais.  Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abraham.  Vosotros hacéis las obras de vuestro padre.  Entonces le dijeron:  Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios.  Jesús entonces les dijo:  Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió.  ¿Por qué no entendéis mi lenguaje?  Porque no podéis escuchar mi palabra.  Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer.  Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él.  Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.  Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis.  ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?  Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis?  El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios”  (Juan 8:25-47).

La parte central de este mensaje es el concepto de la verdad.  Jesús es hijo de Su Padre.  Por naturaleza, Él es la verdad y por lo tanto sólo habla la verdad.  Quienes se oponen a Él, tienen como padre al diablo.  El diablo es un mentiroso y en él no hay verdad, por lo que están predispuestos a la mentira y no a la verdad.  Se oponen a Jesús, porque Él habla la verdad y desdeñan esa verdad.  Las obras de Jesús, acreditan Sus palabras que son palabras de Su Padre y completamente consecuentes con la Ley.  Él no vino a desechar la Ley o a anularla, sino a cumplirla (Mateo 5:17).

Así como Moisés dio los mandamientos de Dios, de igual manera Jesús dio mandamientos:

“Un mandamiento nuevo os doy:  Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.  En esto conocerán todos que son mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”  (Juan 13:34-35; comparar con Mateo 28:20).

“Este es mi mandamiento:  Que os améis unos a otros, como yo os he amado”  (Juan 15:12).

Jesús le dijo a Sus discípulos que después que Él se fuera, vendría a través de Su Espíritu, el Espíritu a quien Él identificó como “el Espíritu de verdad” (ver Juan 14:17; 15:26; 16:13).

Los escritores del Nuevo Testamento, sin duda alguna, declaran que Jesús es la fuente de la verdad; por lo tanto, el evangelio es la vedad, la vedad que los hombres deben oir o desdeñar, con peligro eterno:

“Mas él dijo:  No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de cordura”  (Hechos 26:25).

“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad”  (Romanos 1:18).

“…ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos.  Amén”  (Romanos 1:25).

“…vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia”  (Romanos 2:7-8).

“Verdad os digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo”  (Romanos 9:1).

“Pues os digo, recibios los unos a los otros, como también Cristo vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres”  (Romanos 15:8).

“Por la verdad de Cristo que está en mí, que no se me impedirá esta mi gloria, en las regiones de Acaya”  (2ª Corintios 11:10).

“…a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros”  (Gálatas 2:5).

“En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”  (Efesios 1:13).

“Si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Cristo Jesús”  (Efesios 4:21).

“A causa de la esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual ya habéis oído por la palabra verdadera del evangelio, que ha llegado hasta vosotros, desde el día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad”  (Colosenses 1:5).

“A fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.  Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad”  (2ª Tesalonicenses 2:12-13).

Conclusión

Dios es la fuente de toda verdad.  Su Hijo Jesucristo, personificó la verdad.  ¿Qué tiene todo esto que ver con nosotros?  Moisés nos dijo hace ya mucho tiempo:

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis; conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo:  No vuelva yo a oir la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.  Y Jehová me dijo:  Han hablado bien en lo que han dicho.  Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.  Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta”  (Deuteronomio 18:15-19; énfasis del autor).

Dios levantó un profeta como Moisés.  Este “profeta” es el Mesías, el Señor Jesucristo.  Las implicaciones de esto son claras y simples:  Debemos oirle a Él.  Y si no lo hacemos, cosecharemos las consecuencias que Dios dispondrá para nosotros.

Cuando el Señor Jesús fue transfigurado, Dios estableció claramente a los tres discípulos que fueron testigos de este evento, lo que para ellos significaba:

“Y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.  Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.  Entonces Pedro dijo a Jesús:  Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas:  una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías.  Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió, y he aquí una voz desde la nube, que decía:  Este e mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oid”  (Mateo 17:2-5; énfasis del autor).

Cuando Jesús estaba preparando a Sus discípulos para Su ausencia, Él les dio un mandamiento relacionado a Su Palabra:

“Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él:  Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos”  (Juan 8:31).

“Si me amáis, guardad mis mandamientos”  (Juan 14:15).

“El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y lo le amaré, y me manifestaré a él”  (Juan 14:21).

“Respondió Jesús y le dijo:  El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él”  (Juan 14:23).

“Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor”  (Juan 15:10).

El escritor a los Hebreos, señala la importancia de poner atención a la Palabra de Dios, junto con Pedro y Juan:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder”  (Hebreos 1:1-3a).

Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos.  Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?  La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad”  (Hebreos 2:1-4; énfasis del autor).

“Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.  Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía:  Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia.  Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo.  Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones”  (2ª Pedro 1:16-19; énfasis del autor).

“Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye.  En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error”  (1ª Juan 4:6).

Debemos escuchar a Dios de la manera que Él ha hablado por medio de Su Hijo y como continúa haciéndolo por medio de Su Palabra, la Biblia.  Debemos oir porque Dios nos ha instruido para hacerlo.  Pero también debemos oir porque tenemos conciencia que la Palabra de Dios, Su verdad, es de vital importancia para cada aspecto de nuestro andar cristiano, día por día.  Consideremos algunas formas en que la verdad de la Palabra de Dios, impacta nuestra vida diaria:

(1)   La verdad de la Palabra de Dios es el mensaje que debemos creer para ser salvos (Ver Salmo 31:5; 57:3; 61:7; 69:13; Proverbios 15:6; [11] Colosenses 1:5-6; 1ª Timoteo 2:4; 2ª Timoteo 2:5; Hebreos 10:26; Santiago 1:18; 1ª Pedro 1:22).

(2)   La verdad de la Palabra de Dios es la base de nuestra fe (Ver Romanos 10:6; Hebreos 11).

(3)   La verdad de la Palabra de Dios (del evangelio), es el mensaje que debemos proclamar a los pecadores perdidos, de manera que puedan ser salvos (Romanos 1:16; Gálatas 2:5; Efesios 1:13; 1ª Pedro 1:22-25).

(4)   La verdad de la Palabra de Dios es también la base de la condenación a los incrédulos que rechazan la verdad del evangelio (2ª Tesalonicense 2:12-13).

La verdad de la Palabra de Dios es fundamental para nuestra santificación (Juan 17:17; Efesios 4:14-24; 2ª Pedro 1:4).

Permaneciendo en la Palabra de Dios

Permanecer en la Palabra de Dios es de mucha importancia para el discipulado y da como resultado conocer la verdad que nos libera.  Debemos estudiar este principio vitalmente importante.  Jesús dijo: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”  (Juan 8:32).  La verdad nos hará libres; nos dice cómo podemos ser libres del poder del pecado y del castigo de la muerte.  Pero, ¿cómo “conocemos esta verdad”?  Permítanme señalar un hecho obvio, pero con frecuencia tomado negligentemente:  Juan 8:32 comienza con la palabra “y” que nos indica que Juan 8:32 es la continuación y la conclusión de Juan 8:31.  Veamos estos dos versículos juntos:

“Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él:  Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”  (Juan 8:31-32).

¿Cómo conocemos la verdad?  Permaneciendo en la Palabra de nuestro Señor, permaneciendo en las palabras de las Escrituras.  Al hacerlo, somos Sus verdaderos discípulos y somos libres.  Virtualmente, Pedro dice lo mismo:

“…por medio de las cuales nos has dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia”  (2ª Pedro 1:4).

Y Pablo, virtualmente dice lo mismo:

“Esto, pues, digo y requiero en el Señor:  que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza.  Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús.  En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”  (Efesios 4:17-24; énfasis del autor).

(1)   La verdad de la Palabra de Dios describe la vida tal como es.  (ver Proverbios 20:14).

(2)   La verdad de la Palabra de Dios es el contenido que edifica a los santos (Zacarías 8:16; Efesios 4:15, 24-25).

(3)   La verdad de la Palabra de Dios es la base para la adoración y la alabanza (Juan 4:23-24; 1ª Corintios 5:8(.

(4)   La verdad de la Palabra de Dios es la fuente de la sabiduría (Salmo 119:98-100, 130).

(5)   La verdad de la Palabra de Dios es el primer medio por el cual Él nos guía (Salmo 25:5; 19; 26:3; 43:3; 86:11; 119:105).

(6)   La verdad de la Palabra de Dios es el arma principal en la guerra espiritual (Salmo 40:10-11; 2ª Corintios 6:7; Efesios 6:14).

(7)   La verdad es lo que Dios desean encontrar en nosotros (Salmo 51:6).

(8)   La vida cristiana es llamada ‘la vía de la verdad’ (2ª Pedro 2:2).  Debemos ‘caminar en la verdad’ (2ª Juan 1:4; 3ª Juan 1:3-4).

(9)   No debemos mentir; debemos hablar la verdad (Efesios 4:15).

(10)    El Espíritu Santo, que mora en nosotros, es el “Espíritu de verdad” (Juan 14:17; 15-26; 16:13) y mentir o engañar a los santos, es “mentirle al Espíritu Santo” —una ofensa muy seria (Hechos 5:1-11).

(11)    La arrogancia es llamada “mentir en contra de la verdad” —es vivir en desacuerdo con la realidad (Santiago 3:14).

(12)    La divinidad está muy asociada con el conocimiento de la verdad  (Tito 4:3).

(13)    La verdad es la base de la unidad de los creyentes —“una fe” (1ª Timoteo 1:1-2).

(14)    El conocer la verdad nos libera de las prohibiciones legalistas y nos permite disfrutar la vida más plenamente (1ª Timoteo 4:3).

(15)    La iglesia es el “pilar y la tierra de la verdad” (1ª Timoteo 3:5).

Con esto podemos ver que la vedad de la Palabra de Dios es nuestra línea de vida; es vital para nuestra salvación y para nuestro caminar diario.  Es el pan de vida para aquellos que comen de él.

Finalmente, consideremos algunas características importantes de la verdad y de su implicancia para nosotros.

La Verdad es Eterna

“Porque ha engrandecido sobre nosotros su misericordia, y la fidelidad de Jehová es para siempre.  ¡Aleluya!  (Salmo 117:2).

“…para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar”  (Mateo 23:35).

La verdad no pasa de moda, no cambia con el tiempo.  Los dispensacionalistas en especial, deben ser cuidadosos al no considerar el Antiguo Testamento, incluyendo la Ley, como algo obsoleto, que ya no es aplicable.  Los escritores del Nuevo Testamento hacen un gran uso del Antiguo Testamento, incluyendo la Ley (ver por ejemplo, 1ª Corintios 9:8-11; 10:1-13; 14:34; Romanos 15:4).  Fue Pablo quien le dijo a Timoteo que “toda la Escritura es inspirada por Dios y útil…” (2ª Timoteo 3:16).  La verdad de Dios no está nunca fuera de época.  Es tan aplicable a nosotros en el siglo veinte como lo fue para los hombres siglos atrás.

La Verdad es Universal

“Por esto mismo os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado  fiel en el Señor, el cual os recordará mi proceder en Cristo, de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias”  (1ª Corintios 4:17).

Algunos podrían hacernos pensar que Pablo, cuando escribió a los Corintios acerca del rol de las mujeres en la iglesia, sólo estaba hablándole a los santos de aquella cultura, de ese tiempo y lugar.  No es lo que Pablo nos dice en el Capítulo 4, versículo 17.  Nos dice a los corintios que sus enseñanzas están conforme a su práctica y que es consecuente no importa el lugar dónde fuere. [12]

Al haber viajado un poco, a través de los años con la oportunidad de observar algunas iglesias en Europa, Asia y África, no me sorprendió en absoluto ver las enseñanzas, principios y prácticas del Nuevo Testamento, en todas las partes que visité.  La verdad es universal; se aplica en cualquier lugar, en cualquier tiempo y en cualquier grupo de personas.  Cuando escucho enseñanzas o métodos que sólo tienen éxito en ciertos lugares y entre ciertos pueblos, sé que no estoy viendo allí la verdad, sino con una moda pasajera.  Un libro que no se vende en las calles de India y sólo en lugares como Dallas del Norte, es un libro que contiene ideas humanas.  La Biblia es aplicable en cualquier lugar, cualquier tiempo y entre cualquier grupo de gente, porque la Biblia es verdad.  Gastamos mucho tiempo y dinero en libros que no tienen mucho que ver con la verdad. [13]

La Verdad Viene de Dios

La única verdad absoluta viene de Dios y es conducida a través de la Biblia, la Palabra de Dios.

Se nos dice:  “Toda verdad es verdad de Dios”.  En un sentido esto es verdad.  No existe vedad contraria a Dios o de la cual Dios no sea el autor.  Al reconocer esto, la única verdad que sé que ciertamente es verdad, es la verdad que Dios ha revelado en la Biblia.  Todas las demás ‘verdades’, son verdades aparentes y debo concluir que debido a que no se encuentran en la Biblia, no son esenciales para “vida y la piedad” (2ª Pedro 1:3; ver también 2ª Timoteo 3:16-17).  Por lo tanto, estas verdades son secundarias y subordinadas a las verdades bíblicas.  Entonces, ¿por qué tantos líderes cristianos hablan de “integrar ciertas teorías seculares con la revelación bíblica”?   Especialmente popular, es el concepto de “sicología y teología integradas”.  No tomaré parte en este tema.  ¿Quién se atrevería a llamar verdades sicológicas a la “verdad”?  Y, ¿quién se atrevería a hablar de estas teorías como si fueran a la par con las Escrituras?  Es tiempo de subordinar todas las verdades no bíblicas a las verdades de Dios, de la Palabra de Dios.

La Verdad Debe estar Integrada con Nuestras Vidas

La Biblia nos hace un llamado a integrar la teología (la verdad de Dios) y la moral.  Existe una unión muy cercana entre la verdad y la moral.  La inmoralidad nos impide ver la verdad.  La verdad nos guía hacia la moral.  La verdad y la rectitud están íntimamente entrelazadas.  Aquellas verdades que no tienen implicancias prácticas y morales, son de alguna manera sospechosas, pues Dios no nos reveló Su verdad para llenar nuestras libretas de apuntes, ni tampoco nuestras mentes; sino para transformar nuestras vidas (ver Romanos 12:1-2; Efesios 4:17-24).

La Verdad es Infinita

“Porque grande es hasta los cielos tu misericordia, y hasta las nubes tu verdad”  (Salmo 57:10).

“Porque más grande que los cielos es tu misericordia, y hasta los cielos tu verdad”  (Salmo 108:4).

Esto significa que la búsqueda de la verdad no tiene fin.  Significa que nunca conoceremos toda la verdad en esta vida.  Sólo raspamos la superficie del vasto océano de verdad, que todavía es desconocido y todavía no ha sido revelado.  Pero debemos saber que las verdades que nos son necesarias conocer han sido reveladas y no nos preocupemos del resto.  Estas son las verdades que debemos intentar aprender e implementar:

“Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley”  (Deuteronomio 29:29).

Debemos intentar aprender aquello que el Señor nuestro Dios, nos ha revelado en forma clara, enfática y reiterada en Su Palabra y no envolvernos en seguimientos especulativos y teóricos:

“Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida, de las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería, queriendo ser doctores de la ley, sin entender no lo que hablan ni lo que afirman”  (1ª Timoteo 1:5-7).

“Desecha las fábulas profanas y de viejas.  Ejercítate para la piedad”  (1ª Timoteo 4:7).

“…y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas”  (1ª Timoteo 4:4).

“…no atendiendo a fábulas judaicas, ni a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad”  (Tito 1:14).

La Verdad está Centrada en Cristo

Cuando nos apartamos de Cristo, nos apartamos de la verdad.

“…si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús”  (Efesios 4:21).

“Porque quiero que sepáis cuán gran lucha sostengo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y por todos los que nunca han visto mi rostro; para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.  Y eso lo digo para que nadie os engañe con palabras persuasivas.  Porque aunque estoy ausente en cuerpo, no obstante en espíritu estoy con vosotros, gozándome y mirando vuestro buen orden y la firmeza de vuestra fe en Cristo.  Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias.  Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo”  (Colosenses 2:1-8).

La Verdad es Exclusiva

Aquí tenemos una diferencia importante entre el cristianismo y el politeísmo o culturas pluralistas.  Otros sistemas religiosos no tienen problemas con la incompatibilidad de la verdad.  Suelen abrazar a ‘dioses’ diferentes y permiten al individuo a abrazar cualquier sistema de verdad que él o ella prefiera.  La verdad bíblica, la verdad de Dios, es exclusiva.  Es incompatible con cualquier otra verdad que contradiga a las Escrituras.  Es posible que los cristianos estén etiquetados como ‘intolerantes’ por esta convicción; pero no existe otro sistema de verdad.

La Verdad es Doctrinal y Proposicional

Si la Palabra de Dios es la vedad, entonces la verdad puede traducirse en palabras y debe originarse de la Palabra.  No nos atrevamos a aprender nuestra ley en forma existencial, separada de la Palabra escrita de Dios.  Y no nos atrevamos a desdeñar ni la doctrina ni la teología.  La verdad es un sistema; no es sólo una recopilación de hechos al azar.

Consideremos esta ilustración de un hecho contemporáneo.  Recientemente, se ha hecho público el caso O.J. Simpson.  La gente realmente desea conocer la verdad; desean saber lo que ha pasado.  La policía a reunido una gran cantidad de evidencias, algunas de las cuales serán aceptadas por el juez y otras serán rechazadas.  Pero todas estas evidencias no explican lo que realmente sucedió a estos dos seres humanos.  La parte acusadora presentará su caso, que ellos dirán al juez que es ‘la verdad’.  La defensa tomarán las mismas evidencias y darán una explicación completamente diferente; un intento completamente diferente para explicar la verdad de lo que sucedió.  Idealmente, uno u otro bando posee la verdad.  Pero en realidad, ninguna de las partes tiene la verdad absoluta.  La tarea del jurado es determinar, lo mejor que puedan, cuál es la verdad.

La Biblia es algo parecido.  No es sólo un listado de los hechos acerca de Dios y de los hombres.  Existe un número de enunciados proposicionales; pero éstos deben ser armónicos, juntarse unos con otros de manera que podamos tener un sentido general de los que la Biblia nos enseña.  Por lo tanto, la vedad de las Escrituras origina un tipo de doctrina.  Existen diferentes posiciones doctrinarias (cada una de las cuales piensa que es la más próxima a la verdad) y es posible que podamos diferir con lo las conclusiones de otros.  Pero no puede pensar o hablar de una verdad que esté separada de la doctrina.

A veces oímos que alguien dice:  ‘No adoramos la doctrina; adoramos a Jesús’.  ¿A qué Jesús adoramos?  Recuerde, debe adorar a Dios “en espíritu y verdad” (Juan 4:24).  La discusión entre Jesús y la mujer junto al pozo, trató sobre diferencias doctrinarias y Jesús estableció claramente que la doctrina de esta mujer (la doctrina de Samaria), estaba equivocada.  Pablo dice que alguien puede llegar predicando a “otro Jesús” (2ª Corintios 11:4).  La doctrina describe y define al “Jesús de la Biblia”, de manera que podamos adorarlo en Espíritu y verdad.  No podemos tener una verdad separada de la doctrina.  Desdeñar la doctrina, no es sólo algo necio, sino peligroso”.

“…para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error”  (Efesios 4:14).

“Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe  de la buena doctrina que has seguido”  (1ª Timoteo 4:6).

“Todos los que están bajo el yugo de esclavitud, tengan a sus amos por dignos de todo honor, para que no sea blasfemado el nombre de Dios y la doctrina”  (1ª Timoteo 6:1).

“Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad”  (1ª Timoteo 6:3).

“Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oir, se amontonarán maestros conforme a sus concupiscencias”  (2ª Timoteo 4:3).

“…retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen”  (Tito 1:9).

“Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina”  (Tito 2:1).

“…presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad”  (Tito 2:7).

“…no defraudando, sino mostrándose fieles en todo, para que en todo adoren la doctrina de Dios nuestro Salvador”  (Tito 2:10).

La verdad de Dios, revelada en Cristo y en la Palabra escrita de Dios, la Biblia, debe ser una prioridad en nuestras vidas.  Por medio de Su gracias, busquemos ser un pueblo de la Palabra, un pueblo que ama la verdad y que escudriña las Escrituras para encontrarla.  Y seamos aquellos quienes encarnen la verdad, poniéndola en práctica en nuestra vida diaria, para Su gloria.


[1]   Michael Scott Horton, Hecho en América:  La Forma del Evangelismo Americano Modero (Grand Rapids:  Baker Book House, 1991).

[2]   Horton, pp. 143-144.

[3]   Horton,,p. 145.

[4]   Horton, p. 148.

[5]   Horton, pp. 146-147.

[6]   Horton, pp. 141-142.

[7]   Horton, p. 151, citando a James Davison Hunter en su libro Evangélicos:  La Generación que Viene (Chicago:  University of Chicago, 1987), p. 24.

[8]   Horton, pp. 148-149.

[9]   Es necesario hacer una diferencia entre Adán y Eva.  Eva fue engañada, mientras que Adán no lo fue (1ª Timoteo 2:14).  Eva fue engañada a creer que Satanás decía la verdad y no Dios.  Por la otra parte, Adán no fue engañado.  Aparece como que desobedeció un tanto más voluntariamente puesto que él creía en Dios; pero de todos modos desobedeció.

[10]  Cuando el pueblo fue testigo de la señal de Jesús alimentando a los 5.000, comprendieron que aquello significaba que Jesús era realmente “el profeta que había de venir al mundo” (Juan 6:14).  Ciertamente están pensando en “el profeta” de Deuteronomio 18:15-18.

[11]   ¿No habla este texto de nuestro Señor Jesucristo, el Mesías que debía venir y en quien se unen el amor y la verdad?  Y, por lo tanto, es en Él que son expiados nuestros pecados.

[12]   Alguna persona ligera de mente, puede dirigirse a 1ª Corintios 9, versículos 19-23.  Permítanme recordarles que Pablo aquí está hablando específicamente de práctica personal con respecto a las libertades cristianas.  Pero al llegar a la enseñanza y a la conducta apostólica, Pablo es consecuente.

[13]   No quiero que se me mal interprete al decir que sólo debemos leer la Biblia, aunque muchos de nosotros podríamos usar más tiempo haciéndolo.  Estoy diciendo que los libros que compramos y leemos debieran tratar de temas bíblicos, verdades bíblicas e incluso textos bíblicos.  Un libro sobre el matrimonio cristiano con sólo dos o tres referencias bíblicas, difícilmente es un libro sobre el matrimonio cristiano.  ¿Dónde podemos aprender la verdad sobre el matrimonio, si no en la Biblia?