Estudios Bíblicos en Siguiendo sus Pisadas

Características de la Madurez Cristiana:
Marca # 11: La Búsqueda de la Excelencia

Por J. Hampton Keathley III
Traducido por Juanita Contesse G.

Introducción

En conformidad con la meta bíblica del crecimiento espiritual y mayores niveles de madurez, con frecuencia encontramos en las Escrituras el llamado a enriquecer o a superar nuestro carácter cristiano, especialmente en las variadas formas en que podemos expresar amor a los demás.  La madurez espiritual es la búsqueda de un carácter para el que habrá poco progreso si no se busca la excelencia.  Sin una búsqueda de la excelencia, la vida será insípida, muy dulzona, tibia (ver Apocalipsis 3:15-16).  La búsqueda de la excelencia origina el fuego que hay en nosotros y nos mantiene alejados de sólo dejarnos llevar por el flujo, recogiendo desperdicios.  Este enfoque y necesidad se hace muy evidente en los siguientes pasajes:

“Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría”  (Eclesiastés 9:10).

“Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde [sea excelente] aún más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo”  (Filipenses 1:9-10).

“Por tanto, como en todo abundáis, en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, abundad también en esta gracia”  (2ª Corintios 8:7).

“Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros, para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos”  (1ª Tesalonicenses 3:12-13).

“Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor, Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más”  (1ª Tesalonicenses 4:1).

“…y también lo hacéis así con todos los hermanos que están por toda Macedonia.  Pero os rogamos, hermanos, que abundéis en ello más y más”  (1ª Tesalonicenses 4:10).

“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”  (1ª Corintios 10:31).

“Jesús les dijo:  ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente’.  Este es el primero y grande mandamiento”  (Mateo 22:37-38).

De estos versículos, se debe deducir que Dios desea que Su pueblo tenga en abundancia o sea excelente en lo que son (carácter interno) y en lo hacen (conducta o buenas obras).  Pareciera que es obvio que simplemente no hay forma de amar a Dios con todo el corazón (Mateo 22:37), sin pretender hacer lo mejor para la gloria de Dios (1ª Corintios 10:31).  Por cuanto esto es así, la búsqueda de la excelencia es tanto un objetivo como una marca de madurez espiritual.  Sin embargo, para que esto sea verdad, la búsqueda de la excelencia debe estar motivada por los valores, prioridades y motivos correctos.  Si en este punto nos equivocamos, la búsqueda de la excelencia rápidamente puede convertirse en una marca de inmadurez y nada más que otro resultado de la obsesión del hombre con su propio sentido de lo que es importante, que es, como ya lo vimos, una búsqueda peligrosa.

Se sabe que las entrevistas del Admirante Hyman G. Rickover, eran legendarias y una de las razones es que él siempre quería hacer uso de su locuacidad y de sus respuestas ya probadas para mirar a su interlocutor hacia abajo.  Le gustaba en forma especial, saber cómo reaccionarían los candidatos bajo estrés.  En ocasiones, les hacía sentarse en una silla a la que se le habían aserruchado las patas delanteras una o dos pulgadas para hacerlos sentir desequilibrados.  En su autobiografía ¿Por qué no ser el Mejor?, el presidente Jimmy Carter nos cuenta acerca de su entrevista con Rickover:

«El almirante le preguntó qué lugar había ocupado en su clase en la Academia Naval:  “Saqué pecho orgullosamente y respondí:  ‘Señor, ¡tuve el puesto 59 en una clase de 820!’  Me senté echándome hacia atrás, esperando sus felicitaciones.  En vez de ello, vino otra pregunta:  ‘¿Hizo usted lo mejor que pudo?’  Comencé a decir:  ‘Sí, señor’; pero recordé quién era él. Tragué saliva y admití:  ‘No, señor, no siempre hice lo mejor que podía’.  Me miró por un largo rato y después me hizo la pregunta final, la que jamás he podido olvidar —ni contestar:  ‘¿Por qué no?’”» [1]

Debido a quiénes son los cristianos en Cristo, debido a nuestra esperanza eterna y debido a la gracia habilitadora de Dios, disponible para todos los que creen en Cristo, querer hacer lo mejor que podamos y elegir lo que es mejor, es parte de la voluntad de Dios y una evidencia genuina de una madurez y crecimiento espiritual.  Sin embargo, es preciso hacer una distinción.  Como lo expresó Edwin Bliss, en una ocasión:  «La búsqueda de la excelencia es gratificadora y saludable.  La búsqueda de la perfección es frustrante, neurótica y una terrible pérdida de tiempo» [2] .  Como seres humanos finitos, ninguno de nosotros jamás llega, como se dice, y siempre habrá lugar para el crecimiento y para mejorar (ver Filipenses 3:12-14).  Aún cuando esta realidad nunca debiera promover la negligencia, la apatía o la pereza y que siempre debemos buscar el crecimiento, la madurez y hacer las cosas lo mejor que podamos, comprender esta realidad debiera ayudarnos a relajarnos y a gozarnos en el Señor.

Definiciones y Explicaciones

Buscar la Excelencia no debe ser una búsqueda de la Superioridad

En la primera definición de excelencia en The American Heritage Dictionary, se nos dice:  ‘Estado, cualidad, o condición de sobresalir; superioridad’. [3]   La palabra ‘sobresalir’, es definida como:  ‘ser o hacer mejor que; sobrepasar; mostrar superioridad, sobrepasar a los demás’.  Después, bajo la palabra ‘sobresalir’, hay una lista de los siguientes términos que se explican como sinónimos de ‘sobresalir’:

«Las palabras sobresalir, sobrepasar, exceder, trascender, superar, aventajar, sugieren el concepto de ir más allá de un límite o estándar.  Sobresalir es ser preeminente (sobresale en el ski),o desenvolverse a un mayor nivel que los demás (sobrepasa a su padre como abogado).   Sobrepasar a otro es ser superior en desarrollar algo, en calidad o grado:  es sobrepasado por pocos como polemista; una felicidad que sobrepasa cualquier descripción.  Exceder puede referirse a ser superior, en calidad (un invento que excede a todo lo visto), ser mayor que otros, tanto en grado o cantidad (un salario que excede los 50 mil dólares al año) e ir más allá de los límites propio (exceder la propia autoridad; exceder el límite de velocidad).  Trascender, a menudo implica e logro de un nivel tan alto que es muy difícil compararlo con algo:  El gran arte trasciende las reglas simples de la composición.  Superar es excederse al hacer algo o al desarrollar algo:  no quise ser superado en generosidad.  Aventajar, puede con frecuencia intercambiarse con superar; pero sugiere con mayor fuerza que se deja a otros atrás, como en algún concurso:  Es un caso en el que el alumno sobrepasa al profesor.» [4]

Competir o ser mejor que los demás, es una parte importante de las definiciones dadas.  Pero cuando pensamos en la búsqueda de la excelencia desde el punto de vista bíblico, ¿es eso lo que vemos?  ¡No!  Como lo sugieren los términos arriba mencionados y sus explicaciones, aquellos que se aproximan o ven la vida desde el punto de vista del mundo, piensan en términos de competencia, de aventajar a los demás; pero este sentir por lo general es para darnos la gloria o la importancia a nosotros mismos, para obtener los honores y aplausos de los hombres.

Brian Harbour, en su libro Rising Above the Croswd [Levantándose Sobre la Muchedumbre], se refiere a este tema:  «Éxito significa ser el mejor.  Excelencia significa ser mejor mañana de los que se fue ayer.  Éxito significa exceder los logros de otras personas.  Excelencia significa equilibrar nuestra práctica con nuestro potencial» [5]

Gene Stallings narra un incidente cuando era entrenado en el campo defensivo de los ‘Dallas Cowboys’.  Dos de sus jugadores:  Charlie Waters y Cliff Harris, estaban sentados al frente de sus casilleros después de haber jugado un partido muy fuerte en contra de los ‘Washington Redskins’.  Todavía vestían sus uniformes y sus cabezas entre sus manos, exhaustos.  Waters le dijo a Harris:  ‘Y bien Clif, ¿cuál fue el resultado del partido?’ [6]

Como lo ilustran estos hombres, la excelencia no está determinada por la comparación entre resultados o por el trabajo que otro realice.  La búsqueda de la excelencia viene de hacer lo mejor que podamos con lo que tenemos para la gloria de Dios y con una visión para crecer y ser mejores; pero no con una visión del resultado o de quién está mirando desde el punto de vista de los hombres.

Por lo tanto, hablando en términos bíblicos, la búsqueda de la excelencia se refiere a buscar y hacer lo mejor que podamos con los dones y capacidades que Dios nos da, dando lo mejor de nosotros para la gloria de Dios.  Pero idealmente, se hace sin espíritu de competencia o pretendiendo ser superiores simplemente para ser mejor que los demás.  La excelencia incluye el hacer cosas comunes, las cosas de todos los días; pero en forma muy poco común, sin considerar si hay gente observando.  La realidad es que Dios ve nuestros actos y nos recompensa de acuerdo a ello (cf. 1ª Corintios 15:58).

La Búsqueda de la Excelencia no debe estar Limitado por la Naturaleza de la Tarea

El énfasis de la exhortación de 1ª Corintios 10:31, es que debemos hacer cualquier cosa, ya sea considerado importante por la sociedad o humilde e insignificante, seamos el presidente de una gran compañía o el que limpia las oficinas por las noches, todo debe hacerse para la gloria de Dios.  Sin tomar en cuenta lo que somos, merece lo mejor de nosotros, pues reflejará el honor y la gloria de nuestro Dios y por último, será recompensado por Él.  (1ª Corintios 15:58).

«La sociedad que desprecia la excelencia en la gasfitería, porque ésta es una actividad humilde y tolera la ostentación en la filosofía porque es esta una actividad que se exalta, no tendrá una buena gasfitería ni una buena filosofía.  Ni sus cañerías ni sus teorías, serán capaces de contener agua» [7]

“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, (perisseuo,,:  abundancia; hacer más allá de, sobre..., superar) creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”  (1ª Corintios 15:58).

La Búsqueda de la Excelencia significa Elegir lo Mejor

La búsqueda de la excelencia no significa simplemente elegir entre los que es bueno y lo que es malo; sino de elegir lo que es mejor o superior, porque nos dará una mayor capacidad para cumplir con lo que Dios ha designado que seamos y que hagamos (cf. Filipenses 1:9 con Efesios 2:10).

En conformidad con el hecho de que todos los creyentes deben abundar o exceder en la expresión del amor cristiano, el apóstol oró para que los filipenses pudieran tener un mayor conocimiento y toda clase de discernimiento.  Para poder sobreabundar en amor y poderlo expresar con sabiduría, necesitaban ser capaces de “aprobar todas las cosas que eran excelentes” o elegir lo mejor (traducción del autor).  El término ‘aprobar’ o ‘elegir’, en griego es ‘dokimazo,,, que conlleva dos ideas.  Primero, significa ‘poner a prueba, examinar’ y después como resultado de ese examen o prueba, ‘aprobar, hacer la elección correcta’.  A través de los valores y prioridades que vienen del conocimiento de la Palabra de Dios, debemos examinar, probar y después elegir.

Lo que debe elegirse, se explica con las palabras “las cosas que son excelentes” o “lo que es mejor”.  La palabra griega que se usa aquí, es un participio presente neutro que viene de ‘diaphero,,,’ que en este contexto significa:  ‘las cosas que difieren, pero que están de acuerdo con lo que es mejor’, i.e. lo mejor o lo que es excelente.

La búsqueda de la excelencia desde el punto de vista de un mundo bíblico, siempre está relacionado con el tema de los valores y las prioridades de Dios.  Esto quiere decir que la búsqueda de la excelencia debe incluir la eliminación de algunas cosas aún cuando sean buenas y legítimas.  El principio, es este:  ¿Son estas cosas lo mejor y me ayudarán u obstaculizarán los objetivos principales de mi vida como cristiano, basado en los principios y valores bíblicos?  Si es así, deben eliminarse.  Vemos esta verdad en la declaración de Pablo en 1ª Corintios 10:23:  “Todo me es licito, pero no todo me conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica”  (ver también 1ª Corintios 6:12).  El hecho que sean cosas legítimas, no significa que deban ser elegidas o desearlas.

El cineasta Walt Disney, era despiadado en cortar cualquier secuencia de sus películas si éstas obstaculizaban la secuencia de sus historias.  Ward Kimball, uno de los animadores de Blanca Nieves, recuerda haber trabajado 240 días en una secuencia de 4½ minutos, en la que los enanos cocinaban una sopa para Blanca Nieves y en el proceso, casi destruían la cocina.  Disney consideró esta secuencia muy divertida; pero decidió que en alguna forma detenía el fluir de la película, por lo que la eliminó.  Cuando se muestre la película de nuestras vidas, ¿será tan grandiosa como pudiera haber sido?  Mucho dependerá en la gran cantidad de cosas ‘buenas’ que decidimos eliminar para hacerle camino a las grandes cosas que Dios quiere hacer a través nuestro. [8]

La Búsqueda de la Excelencia Incluye Todo

Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría”  (Eclesiastés 9:10).

“Si, pues, coméis y bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”  (1ª Corintios 10: 31)

Ambos pasajes nos señalan a la naturaleza de que en la búsqueda de la excelencia, todo está incluido. Estas palabras “todo lo que te viniere a la mano para hacer” y “o hacéis otra cosa”, apuntan a la importancia de hacer lo mejor de nosotros en todo lo que hacemos.  El predicador de Eclesiastés, nos enseña que si no tenemos fe en Dios y si no vivimos para Él, la vida está vacía y es inútil.  Pero esto no significa que los hombres deban tener una actitud indolente viviendo como si nada importara, porque sí importa.  La vida está llena de oportunidades y hay un trabajo que debe hacerse.  Esto quiere decir que las fuerzas y las capacidades que tenemos deben usarse para superar las oportunidades que Dios nos da pues están al alcance de nuestros dones, de nuestras fuerzas, de Su guía y de nuestras responsabilidades.

«Además de animar a sus lectores a disfrutar la vida en la medida de las capacidades que Dios les ha dado, Salomón también les animó a trabajar con diligencia.  Las palabras “todo lo que te viniere a la mano para hacer”, significan haz lo que te viniere a la mano” (cf. 1 Samuel 10:7)» [9]

Si es un trabajo que vale la pena hacer, es un trabajo que vale la pena hacerlo correcta y diligentemente.

Tal vez sea conveniente hacer una lista de todas las áreas en las que podamos buscar que la excelencia pueda tocarnos y cambiar nuestras vidas.  ¡Sean específicos!  ¿Existen áreas que no he tomado seriamente y en las que necesito trabajar?  Las Escrituras dicen:  “todo lo que te viniere a la mano para hacer”  (1ª Corintios 10:31).  Esto podría involucrar nuestro trabajo, ministerio, familia, pasatiempos, recreación, etc.

La Búsqueda de la Excelencia es un Asunto de un Compromiso con Todo el Corazón

“Todo lo que te viniere a lamano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría”  (Eclesiastés 9:10).

“Oye, Israel:  Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.  Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas”  (Deuteronomio 6:4-5).

“Jesús le dijo:  Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu menteEste es el primero y gran mandamiento”  (Mateo 22:37-38).

Estos tres pasajes también nos señalan la importancia del compromiso completo del corazón en todo lo que hagamos como cristianos.  Pero incluso más básico que esto, Deuteronomio 6:5 y Mateo 22:37, nos enseñan que la búsqueda de la excelencia es un asunto del corazón, de la persona interior y procede una relación de fe interna con Dios.  Las Escrituras nos enseñan claramente que los temas verdaderamente importantes de la vida, son los espirituales y que son cosas que atañen al corazón, al hombre interor.  Tal vez sea por esta razón que la palabra “corazón”, se encuentra 802 veces en la versión bíblica NASB, 830 en la KJV, 837 en la NKJV y 570 en la NIV.  La palabra ‘corazón’, es una de las palabras más usadas en la Biblia y en su mayor parte es usada metafóricamente para referirse al hombre interior.  Al emplear esta palabra, se refieren ya sea a la mente, a las emociones, a la voluntad, a la naturaleza pecadora, e inclusive a toda la persona interior.  Por lo tanto, el término corazón habla de la persona interior y a la vida espiritual como el asiento y el centro de todo lo que procede de la vida de una persona.  Al igual que una bomba física, el corazón espiritual es central y vital para lo que somos, quiénes somos y cómo vivimos.

Tanto Salomón como el Señor Jesús, nos enseñan que los asuntos de la vida proceden del corazón (Proverbios 4:23; Mateo 6:21; 12:34; 15:18).  Lo que hacemos de palabra y obra, es en primer lugar, un producto de lo que somos en nuestro interior desde el punto de vista de lo que verdaderamente creemos y cómo pensamos.  Esto está muy bien ilustrado por el Señor Jesús en Su enseñanza del Sermón del Monte.  Allí, Él habló con fuerza sobre la conducta meramente externa orientada hacia la hipocresía de los fariseos religiosos.  Es importante que en Mateo 5:17-48, en no menos de seis veces, Él contrastó la enseñanza externa de los fariseos con Su propia enseñanza que enfatiza la vida interna.  Observen las siguientes declaraciones:

“Oísteis que fue dicho… pero yo os digo…”        (vers. 21-22)

“Oísteis que fue dicho… pero yo os digo…”       (vers. 27-28)

“También fue dicho… pero yo os digo…”          (vers. 31-32)

“Oísteis que fue dicho… pero yo os digo…”       (vers. 33-34) 

“Oísteis que fue dicho… pero yo os digo…”       (vers. 38-39)

“Oísteis que fue dicho… pero yo os digo…”       (vers. 43-44)

¿Qué quería comunicar el Señor?  Él estaba recordándole a la gente lo preceptos morales que les habían enseñado sus líderes religiosos por años, preceptos que a menudo tenían su fuente en el Antiguo Testamento.  Pero entonces, con las palabras:  “pero yo os digo”, Él se refería nuevamente a los mismos temas como si fueran primero y sobre todo asuntos del corazón.  Esto y sólo esto es el cristianismo auténtico y revelan un caminar íntimo con Dios, por fe.  Todo lo demás, no es nada más que una hipocresía religiosa, que no busca la excelencia, al menos movido por motivos correctos.

Debido al lugar que ocupa y a la importancia del corazón en todo lo que hacemos, que naturalmente incluye la búsqueda de la excelencia, sería bueno que pensáramos un momento en algunos temas relacionados con el corazón en la forma cómo este se aplica a hacer lo mejor para la gloria del Señor. [10]   El corazón por sí mismo, no es refugio seguro.  Necesita que se le cuide o se le proteja de la invasión del sistema del mundo que le rodea y de la naturaleza pecaminosa que mora dentro de nosotros.  En Proverbios 4:23, Salomón escribió:  “Sobre toda cosa guardad, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”.  El corazón necesita un cuidado especial, porque el corazón, que incluye la mente, las emociones y la voluntad, es el lugar donde depositamos el conocimiento de Dios o la sabiduría bíblica; es el lugar de nuestros valores  (Mateo 6:21), de las prioridades y donde se hacen las elecciones vitales.  Por lo tanto, se convierte en la fuente de todo lo que afecta la vida y el carácter (ver Mateo 12:35; 15:19).

Sobre esto, Swindoll dice lo siguiente:

«En forma implacable, luchamos para sobrevivir, sabiendo que cualquiera de esos golpes pueden lograr el objetivo y derramar veneno que pueden inmovilizar y paralizar, haciéndonos inefectivos.  Y, ¿qué es exactamente ese objetivo?  El corazón.  Eso es a lo que la Biblia le da ese nombre.  Nuestra persona interior.  Allá en lo profundo, donde nace la esperanza, donde se toman las decisiones, donde los compromisos se fortalecen, donde se almacena la verdad, fundamentalmente donde el carácter (todo lo que nos hace profundos y sabios) se forma…

En la búsqueda del carácter, es necesario que se guarden ciertas cosas en el corazón y otras que se mantengan alejados del corazón.  Un corazón descuidado conduce al desastre.  Un corazón bien guardado, significa sobrevivencia.  Si pretendemos sobrevivir en la jungla, sobreponiéndonos a todos los ataques traicioneros, tendremos que guardar nuestro corazón» [11]

Realmente, el corazón necesita que sea cuidado.  Debemos poner un centinela sobre el corazón, porque es la bodega de los tesoros que conducen a la formación del carácter a la semejanza de Cristo.  Pero estos tesoros pueden ser robados por engaños variados y por las tentaciones de Satanás, quien quiere seducirnos para conseguir los viciosos patrones de destrucción, como:  poder, prestigio, placer, posesiones, fortuna y fama y siempre a expensas de la búsqueda de la excelencia y del carácter piadoso.

De acuerdo con la idea de sobresalir, la búsqueda de la excelencia naturalmente va en contra de una mentalidad que se deja llevar.  Tal como se observa en Eclesiastés 9:10, para hacer lo mejor que podamos, se requiere hacerlo con todas nuestras fuerzas.  En conformidad con el resto de las Escrituras, esto significa hacerlo con toda la capacidad y la fuerza que dios nos da.  Y como se nos enseña en Mateo 23:37 y en Deuteronomio 6:5, buscar la excelencia es materia de entregar todo el corazón.  Pero no significa que no existe lugar para el descanso o para relajarse.

Es esencial tener cierta cantidad de descanso o de relajo para nuestro bienestar físico, emocional y mental.  No está sólo bien descansar, sino que es esencial para mantener el esquema de su propósito y que no se emplee como una excusa para la flojera y la irresponsabilidad.  La meta es acrecentar nuestro bienestar físico, emocional, mental y espiritual.  Sin embargo, extrañamente en nuestra sociedad trabajólica mucha gente —incluyendo muchos cristianos— obtienen su sentido de identidad del trabajo y de tener un programa muy ocupado.  Con frecuencia lo dan todo; pero por razones egoístas —la búsqueda de una posición, de recibir halagos, o ser importantes.  Incluso, algunos cristianos promueven la idea que no se está viviendo para el Señor, a no ser que “tengan muchos compromisos, que se vean hechos un lío… pasando sobre las responsabilidades al igual que un tren con exceso de carga bajo una nube de vapor…”. [12]   Algunos considerarán tal comportamiento como una señal de la búsqueda de la excelencia, cuando en realidad puede llegar a ser un estorbo debido al impacto debilitador del bienestar físico, emocional, mental y espiritual.

Swindoll, escribe:

«Extrañamente, lo que necesitamos por lo general es lo último que consideramos.  Hemos sido programados para pensar que la fatiga está al lado de la santidad.  Que mientras más exhaustos estemos (¡y parezcamos!), más comprometidos estamos con las cosas espirituales y más merecedores somos de sonrisas de aprobación.  Enterramos todos los pensamientos de gozo… para los que son cristianos genuinos.  Como resultado, nos hemos convertido en una generación que adora su propio trabajo… que trabajamos según lo que nosotros queremos… y que jugamos con nuestra adoración.

¡Un momento!  ¿Quién escribió esa regla?  ¿Por qué hemos comprado esa filosofía?  ¿Qué pretendía la persona que declaró tal regla?  ¿Cómo nos vimos envueltos en esa corriente enloquecedora?

Les desafío a buscar los argumentos en las Escrituras…

De acuerdo a Marcos 6:30-34, vemos que Jesús a propósito, quiso descansar de su ministerio y les sugirió a Sus discípulos que hicieran lo mismo». [13]

La búsqueda de la excelencia, significará trabajo arduo y diligencia, las que se pueden dar de varias formas —investigación, estudio, tempo, sudor, planificación, búsqueda de ideas, etc.  También significará nadar contra la corriente y a veces, navegar sobre los rápidos rocosos y profundos de la vida.  Con frecuencia será extenuante y nos pondrá frente a situaciones que realmente están fuera de nuestro alcance.  Por lo tanto, al mantener nuestras propias debilidades, la búsqueda de la excelencia en la ejecución de nuestra rutina diaria o proyectos especiales, es algo que debe buscarse a través de la fuerza de Dios.  Esta mentalidad puede verse en la actitud y en las acciones del apóstol Pablo.  Como alguien completamente comprometido al propósito que Dios tenía para su vida,  Pablo se dio por completo para que Dios hiciera de él Su voluntad, para que los hombres llegaran a la madurez en Cristo; pero lo hizo debido a las habilidades que Dios le dio y no por sus propias fuerzas.

“…de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios, el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades; pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria, a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre”  (Colosenses 1:25-29).

Razones de la Búsqueda de la Excelencia

La Gloria de Dios

“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”  (1ª Corintios 10:31).

Al pensar en razones bíblicas para buscar la excelencia, nos enfrentamos cara a cara con el tema del propósito principal de la vida del cristiano.  En 1ª Corintios 10:31, Pablo nos recuerda que no importa qué hagamos (para lograr nuestros propósitos), sea para glorificar a Dios.  Naturalmente, esto incluye la búsqueda de la excelencia.  El Catecismo Menor de Westminster, avala este punto, con las siguientes palabras:  «El propósito principal del hombre es glorificar a Dios y a gozarse para siempre en Él».  Para el cristiano que esté preocupado por sus propias cosas, este es el lugar apropiado para empezar.  El comentario del apóstol Pablo y el del Catecismo Menor de Westminster, nos conduce al corazón de este tema y sin duda es como está mejor expresado.  A los cristianos se les debe recordar constantemente que nada sino la gloria de Dios debe ser el motivo de todo lo que hagan y también al mundo angélico que observa el comportamiento de la iglesia (ver Efesios 3:10).  Toda otra consideración debe ser sometida a este objetivo supremo.

El Principio de Redimir el Tiempo, Empleando nuestras Oportunidades

“Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría”  (Eclesiastés 9:10).

Eclesiastés 9:10b:  “porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría”, nos lleva al clímax del punto de vista de Salomón.  Es posible que Jesucristo haya parafraseado el versículo 10, cuando dijo:  “Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar”  (Juan 9:4).  Aquí, Salomón no estaba diciendo nada que no fuera cristiano.  Las Escrituras desconocen un purgatorio en donde se pueda retomar algo que se dejó de lado en la tierra.  El Nuevo Testamento está de acuerdo que lo cuenta son las obras que se hicieron en vida.

“Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo”  (2ª Corintios 5:10).

La razón de la advertencia del predicador en Eclesiastés, es que una vez que viene la muerte, nadie podrá comprar o usar sus oportunidades para el trabajo y el servicio.  Después de la muerte, ya no habrá oportunidades para trabajar; tampoco habrá trabajo, planificación, conocimientos o sabiduría.  No debemos pensar que este pasaje esta sugiriendo que el alma duerme; ver comentarios o nuestra página web relacionada con «el sueño del alma».

Recompensas Eternas

“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es vano”  (1ª Corintios 15:58).

“Y todo lo que hagáis hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres”  (Colosenses 3:23).

“Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo”  (2ª Corintios 5:10).

Otra razón asombrosa para la búsqueda de la excelencia, es que nuestro trabajo en el nombre del Señor, nunca será en vano si se hace mediante Sus fuerzas o por el ministerio capacitador del Espíritu de Dios.  Todos los cristianos, algún día estarán frente al tribunal de Cristo, para recibir su recompensa por lo que hicieron mientras estuvieron con vida.

“Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.  Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno ser hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará.  Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa.  Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque asó como por fuego”  (1ª Corintios 3:11-15).

Las consecuencias de deshonrar al Señor, el fracasar como bendición para otros, el fracaso en usar las oportunidades y la posibilidad de perder las recompensas, conforman motivaciones excelentes para buscar la excelencia.

El Rol de la Actitud en la Búsqueda de la Excelencia

¿Cómo podemos desarrollar la búsqueda de la excelencia?  ¿Qué cosas están involucradas según el medio de buscar lo mejor?

Desde el punto de vista de qué es lo que afecta la forma en que trabajamos, probablemente no hay nada más importante, ¡que nuestra actitud!  La elección que se haga de la actitud, impacta todas las decisiones que se tomen en un proceso día a día, momento a momento.  Nuestra actitud puede enardecer nuestras esperanzas y la búsqueda de aquellas cosas que son importantes o bien, puede extinguir nuestras esperanzas y nuestra búsqueda.  El valor de la actitud que adoptemos frente a lo que buscamos —nuestros valores, prioridades, objetivos y a cómo los busquemos, es muy evidente en Filipenses, en donde uno de los temas es el regocijarse en el Señor sin importar las condiciones o circunstancias de la vida.

Mientras que Pablo estaba diariamente encadenado a un soldado romano en su propia casa, él escribió lo siguiente, lo que está literalmente saturado con una actitud positiva que claramente animaba sus esperanzas frente a todos los inconvenientes:

“Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio, de tal manera que mis prisiones se han hecho patentes en cristo en todo el pretorio, y a todos los demás.  Y la mayoría de los hermanos, cobran ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor.  Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda; pero otros de buena voluntad.  Los unos anuncian a Cristo por contención, no sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones; pero los otros por amor, sabiendo que estoy puesto para la defensa del evangelio.  ¿Qué, pues?  Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún.  Porque sé que por vuestra oración y la suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación, conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte.  Porque para mí el vivir es cristo, y el morir es ganancia.  Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger”  (Filipenses 1:12-22).

Entonces, en Filipenses, como un estímulo a “combatir unánimes por la fe del evangelio” (1:27), Pablo escribió:

“Por tanto, si hay alguna consolación en cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa”  (Filipenses 2:1-2).

Observen lo que está haciendo el apóstol.  Existe un estímulo que viene de estar en Cristo, consuelo que viene del amor que Dios nos tiene, el amor de los cristianos entre sí y un compañerismo maravilloso en el Espíritu.  Esto conduce al afecto y a la compasión en el corazón del pueblo de Dios.  Por lo que Pablo anima a los filipenses a permitir que las realidades señaladas, impacten sus actitudes en sus relaciones entre unos y otros —tener la misma mente, mantener el mismo amor, estar unidos en espíritu y trabajar en un mismo propósito.

Entonces, en un contexto en que se trata con dos mujeres que han trabajado con él en el evangelio; pero que estaban teniendo problemas en sus relaciones, Pablo escribió:

“Regocijaos en el Señor siempre.  Otra vez digo:  ¡Regocijaos!  Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres.  El Señor está cerca.  Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.  Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.  Por lo demás hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.  Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros”  (Filipenses 4:4-9).

Finalmente, al agradecer a los macedonios por su apoyo, se nos dan las siguientes palabras que despliegan el poder de mantener o de elegir la actitud correcta por la fe que tenemos en Cristo:

“No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.  Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.  Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”  (Filipenses 4:11-13)-

Conclusión

Hay una ilustración muy colorida en la vida del gran violinista Paganini, que muestra el valor y el poder de la actitud en la búsqueda de la excelencia:

«El colorido showman del siglo diecinueve y dotado violinista, Nicolo Paganini, estaba frente a una audiencia tocando una pieza de música bastante difícil.  Lo rodeaba y le apoyaba, una orquesta completa.  Repentinamente, una de las cuerdas de su violín se cortó y colgaba gloriosamente de su instrumento.  Miles de gotitas de sudor perlaban su frente.  Su rostro se tornó serio; pero continuó tocando, improvisando maravillosamente.

Para la sorpresa del conductor, se rompió una segunda cuerda.  Y muy poco después, la tercera.  Ahora tres cuerdas colgaban del violín de Paganini, mientras el maestro interpretó en forma completa la difícil composición en la cuerda que quedaba.  La audiencia se puso de pie y a la forma de ser de los italianos, llenaron la sala con gritos:  ‘¡Bravo!  ¡Bravo!’  A medida que disminuía la intensidad de los aplausos, el violinista le pidió al público que se sentara.  Aún cuando sabían que era imposible pedirle que tocara nuevamente, se sentaron silenciosamente.

Tomó su violín levantándolo para que todos pudieran verlo.  Le hizo una señal al conductor para comenzar nuevamente y se volvió hacia el público y con un guiño de sus ojos, sonrió y gritó:  ‘¡Paganini… y una cuerda!’  Después de esto, puso su Stradivarius de una cuerda bajo su mentón y tocó la pieza final con aquella cuerda mientras que la audiencia (y el conductor) sacudían sus cabezas llenas de asombro.  ‘¡Paganini… y una cuerda!’». [14]

                                                                                                                               



[1] Sacado del Reader´s Digest, Octubre 1993, p. 104.

[2] Comiendo Problemas al Desayuno, por Tim Hansel.  Word Publishing, 1988, p. 39.

[3] The American Heritage® Dictionary of the English Language, Third Edition copyright ©1992 por Houghton Mifflin Company.  Versión electrónica, con licencia de la Corporación INSO.  Todos los derechos reservados.

[4] The American Heritage® Dictionary of the English Language, version electrónica.

[5] Leading the Way [Lidereando el Camino] por Paul Borthwick, Navipress, 1989, p.64.

[6] Illustrations for Preaching and Teaching, From Leadership Journal [Ilustraciones para Sermones y Enseñanza, del Diario de Liderazgo], editado por Craig Brian Larson, Baker Books, Grand Rapids, 1992, p. 73.

[7] John Gardner, fuente desconocida.

[8] Craig Brian Larson, p. 186.

[9] John F. Walvoord, Roy B. Zuck, Editores, The Bible Knowledge Commentary [Comentario del Conocimiento Bíblico], Victor Books, Wheaton, 1983, 1985, medio electrónico.

[10] Para ir más allá en este concepto, vea el estudio en nuestro sitio web llamado Guarding the Herat [Cuidando el Corazón] que tiene que ver con varios temas prácticos y útiles, como las necesidades del corazón (necesita que se le cuide, que se le de, que se le prepare, que se le purifique, que se le postre, deseos bíblicos y otras necesidades esenciales) y los problemas del corazón (un corazón incrédulo, un corazón temeroso, un corazón agitado, un corazón deprimido, etc.).

[11] Charles R. Swindoll, The Quest for Character [En Busca de un Carácter], Multonomah Press, Portland, 1987, pp. 19.20.

[12] Charles R. Swindoll, Strengthening Your Grip, Essentials in an Aimless World [Estrechando Su Puño, Algo Esencial para un Mundo sin Rumbo], Word, Waco, 1982, p. 161.

[13] Swindoll, Strengthening Your Grip, pp. 161-162.

[14] Charles R. Swindoll, Strengthening Your Grip, Word Books, Waco, 1982, pp. 205-206.