Estudios Bíblicos en Siguiendo sus Pisadas

Características de la Madurez Cristiana:
Marca # 2: Llenos del Espíritu y de Sabiduría

Por J. Hampton Keathley III
Traducido por Juanita Contesse G.

“En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquellos eran desatendidas en la distribución diaria.  Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron:  No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas.  Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo.  Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra”  (Hechos 6:1-4; énfasis del autor).

Como lo señalábamos previamente, una de las características distintivas de la madurez cristiana y del liderazgo, es la capacitación.  Vital para todo, al igual que la raíces lo son para el árbol, la madurez espiritual que necesita un líder espiritual, sólo puede ser manifestada por creyentes llenos del Espíritu y de la Palabra.  Las demás cualidades que serán consideradas en este estudio, también son importantes y deseables; pero ser llenados con el Espíritu Santo y con la Palabra (llenos de la sabiduría bíblica y de comprensión) es absolutamente indispensable pues es la fuente fundamental de la madurez espiritual y del liderazgo divino.  En el plan de Dos para los cristianos, todas las cualidades que se analizarán, tendrán su origen en el poder del Espíritu Santo y en la enseñanza de la Palabra —la raíz principal del crecimiento espiritual, de la madurez y del liderazgo.

El libro de los Hechos, es un libro que se caracteriza por la verdadera espiritualidad y por el liderazgo bíblico.  En él, se nos habla constantemente de hombres de gran madurez y de un carácter a la semejanza de Cristo; pero, como se ha señalado con frecuencia, más que ser un libro de los Hechos de los apóstoles, es en realidad un libro de los Hechos de vidas llenas del Espíritu Santo y de la Palabra.  Es la historia de hombres que establecieron la iglesia y llevaron a cabo su empresa misionera; pero sin excepción, eran hombres dotados y fortalecidos por el Espíritu Santo.  Cualquiera sea la parte del libro que veamos, veremos la obra y el liderazgo del Espíritu Santo; vemos hombres de quienes se dice están llenos del Espíritu actuando bajo Su dirección y bajo Su poder.  En el libro de los Hechos, se cita al Espíritu Santo alrededor de 46 veces.  En casi todos los capítulos hay referencias al ministerio del Espíritu.

En este libro, vemos el llamado de Dios a todo tipo de ministerios y, ya sea que es un llamado a ser testigos, a servir las mesas, a resolver problemas o a cubrir las necesidades de guiar, la obra del Espíritu es esencial.  El requerimiento indispensable para hombres y mujeres que fueron primero llenados con el Espíritu.

Lamentablemente, no tenemos esto.  Pensamos que el primer requerimiento es el carácter que ha cambiado, el servicio o el ministerio.  Los hombres son llamados a ser testigos (2:8), a servir a los demás (6:1s.), a predicar el evangelio (3:12s.), etc.; pero las Escrituras nos llaman en primer lugar a ser llenados y a caminar con el Espíritu Santo, porque esto constituye la capacitación y así convertirnos en los cristianos que somos.

Este principio es evidente en Marcos 3:13-15.  Después de estar toda una noche orando, el Señor (una evidencia de Su propia dependencia del Padre) llamó y nombró a Sus discípulos.  Al hacerlo, Él les comisionó dos responsabilidades mayores:  (a) que estuvieran con Él y (b) que Él les enviaría a predicar y tener autoridad para echar demonios.  La naturaleza de esta comisión y el orden es muy significativo.  El estar con Él, tener camaradería con el Salvador, fue fundamental y el origen de la capacitación para su tarea de predicar y tener el poder sobre la fuerzas demoníacas (cf. Hechos 1:8).  Otro pasaje que señala esta cualidad tan importante de ser llenos con la Palabra y con el Espíritu, es Hechos 6:1-7.

El Problema (Vers. 1)

“En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquellos eran desatendidas en la distribución diaria”

Donde quiera que haya gente, naturalmente habrán problemas.  Es un hecho de la vida.  No existe directorio de ancianos o de diáconos que sea perfecto.  No existen las iglesias perfectas ni tampoco las familias perfectas.  ¿Por qué?  Porque todas están constituidas por gente imperfecta, pecadores salvados por gracia.

Una dama se quejó a un conocido maestro de la Biblia, que no podía encontrar una iglesia a su gusto.  Encontraba faltas en todas las iglesias que visitaba.  Él dijo:  «Al parecer, usted está buscando la iglesia perfecta, con gente perfecta.  Si encuentra esa iglesia, hágamelo saber; pero por favor, no se una a ella».  «¿Por qué?», preguntó ella.  «Porque usted la arruinará... ¡y también yo! ».

El tratar los problemas, es una parte necesaria de la vida, especialmente para los líderes.  Va dentro del territorio; pero la necesidad más importante es que los hombres sean llenos del Espíritu de Dios que manifiesta un carácter lleno de sabiduría de Dios, paciencia y amor.

Resolviendo el Problema (Vers. 2)

“Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron:  No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas”

La resolución del problema, incluye:  (a) la identificación del problema, (b) su evaluación y (c) la solución por medio de la investigación, del estudio, de la oración y de la aplicación sabia de la información a los problemas específicas.  Pero para ello, necesitamos la guía del Espíritu Santo.  A veces, simplemente no experimentamos Su guía, no debido a alguna renuencia por parte del Espíritu Santo; sino que debido a que existen rocas espirituales —no hemos alcanzado los requerimientos para ser llenos del Espíritu.  Pero no era este el problema aquí en Hechos (cf. Hechos 2:4; 4:8, 31).

“Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos” (versículo 2).  Los doce, como líderes en ese tiempo, tomaron el liderazgo para buscar forma de resolver el problema.  Pero reunieron a la gente sólo después de haberlo estudiado y como hombres espirituales, actuando con los principios de la Palabra, llegaron a la reunión con la solución que no sólo resolvería el problema, sino que también estaba de acuerdo con los principios de la Palabra.  Rechazaron actuar por conveniencia o como pragmáticos, i.e. el fin justifica los medios, o buscar algo para sacarse la responsabilidad de la gente de encima.  Más bien, demostraron un discernimiento espiritual.  Después de estudiar la situación, le dijeron a la gente lo que no podían hacer y por qué.  Tanto el ministerio como el liderazgo son un asunto de identificar las prioridades de Dios, conocer a lo que Dios nos ha llamado a hacer y después dedicarnos a lograr esos objetivos no dejándolos en segundo plano sin importar cuán importante son las cosas que nos impiden alejarnos de ellos.  Las cosas secundarias pueden hacer a los líderes ineficaces en sus responsabilidades primarias y debilitarlos tanto que son ineficaces en todo.  Esto significa que los líderes maduros espiritualmente deben aprender a entrenar y a reclutar a otros para compartir la obra del Señor.  Sin embargo, para resolver su problema, se comprometieron en el proceso de seleccionar a otras personas calificadas para servir.  Observen los siguientes principios que aprendemos de su acción:

(1)    El principio de la selección bíblica (versículo 3).

  “Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo”.  Las acciones de los discípulos subrayan la importancia de la selección bíblica en el proceso de reclutamiento.  El principio esencial del reclutamiento, sin importar que la necesidad del ministerio es seleccionar gente para el ministerio, basados en los principio de la Biblia, más que en la experiencia.

Para encontrar gente que ayude a hacer el trabajo del ministerio, a menudo los líderes de la iglesia se desesperan y toman a cualquiera que esté vivo y se mueva.  Aquí tenemos una gran tentación cuando ellos ven y oyen las quejas y críticas de los demás, al no estarse satisfaciendo las necesidades.  Naturalmente, se culpa a los líderes por todos estos problemas, por lo que la tendencia es caer en el pánico y reclutar gente sin considerar sus calificaciones.  Pero en muchas situaciones sería mejor dejar las necesidades insatisfechas a que los líderes seleccionen a la gente equivocada o que intenten hacer todo ellos mismos.

Dios conoce las necesidades y nuestra responsabilidad es descansar en Su soberanía y pegarse a los principios de la Palabra (cf. nuestro Señor en Marcos 1:29-39; 3:12s.; Lucas 6:12).  Seleccionar a quienes Dios no ha seleccionado, aquellos que son carnales y llenos de la sabiduría del mundo, es perder la bendición y el poder de Dios en nuestros ministerios.

El tema esencial, independiente de la necesidad, no es la naturaleza de la tarea aunque ésta nos enseñe la Palabra, el ministerio hacia los enfermos, el aseo de la iglesia o saludar a la gente en la puerta.  Para la gente espiritual, la gran necesidad es independiente de la tarea.  Los dones para una tarea o ministerio, son otro tema.

(2)    La necesidad de una selección (versículo 3).

  “Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros”.  Normalmente, Dios desea que seleccionemos gente según nuestro propio rango.  Esto significa que la iglesia necesita ser entrenada, construida y por lo tanto, desarrollando siervos para ministrar entre su propia gente.  Aquí hay una prioridad para el liderazgo prudente y que provee para el futuro.  ‘Seleccionar’, en griego es ‘episkeotimai’; viene de una raíz que ‘denota la actividad de mirar algo o prestar atención a una persona o cosa’. [1]   Dependiendo del contexto, el verbo puede significar ‘observar, revisar, supervisar, mirar, inspeccionar, examinar, cuidar y seleccionar’ (i.e. después de un examen).  Esto es claramente lo opuesto de ‘agarrar’ a alguien que no está espiritualmente calificado, simplemente para llenar una necesidad.

Por ejemplo, aparte de Hechos 6:3, ‘episkeptomia’ se usa para el cuidado amoroso de Dios. [2]   Un pasaje importante, es Números 27:16, 17.  Aquí se usa en el sentido de designar; pero se usa en conexión el cuidado amoroso de Dios por las necesidades de Su pueblo.  En Hechos 6:3, ‘episkeptomania’ significa ‘seleccionar’; pero obviamente sólo después de un examen de acuerdo a los estándares dados en el pasaje.  Aquí se usa en la designación que se lleva a cabo después de buscar y encontrar a quienes tenían corazón para ayudar a los demás, a quienes que llegaron a tener conciencia que como cristianos, no existían por ellos mismos solamente, sino que para los otros.

Es evidente que esta palabra y su forma activa:  ‘episkopeo,,’, ‘examinar’ fue muy importante en la selección de estos primeros siervos y en la selección del título:  ‘episkopos’ —‘supervisores’— para los líderes de la iglesia.  Esta palabra y su empleo en el resto del Nuevo Testamento, sugiere que debemos buscar hombres y mujeres que poseen una actitud de preocupación divina por la comunidad cristiana, una obra obvia del Espíritu Santo.

“Siete hombres”.  El número siete no era lo importante, aún cuando en las Escrituras el número siete se relaciona a lo que está completo.  Si el número siete significa algo, simplemente significa que debemos analizar la necesidad y seleccionar el número necesario de personas para cubrir esa necesidad.  Pueden ser cinco o doce; pero el número no deberá exceder el número calificado.

“Hombres de buen testimonio”.  La idea es que debían ser hombres que tuvieran un buen testimonio frente a la congregación.  Se refiere a hombres cuyas vidas atestiguaran las próximas dos cualidades como prueba de su autenticidad.

“Llenos del espíritu”.  Este es el requisito más importante.  Los hombres que son llenos del Espíritu Santo son hombres a quienes el Espíritu Santo puede controlar, guiar y obrar en ellos.  Esto quiere decir, hombres que tienen el corazón de Dios y preocupación por los demás; hombres que muestran el fruto del Espíritu.

Es posible que un hombre tenga una buena reputación; pero, ¿es tal modo que claramente demuestra que es una manifestación del Espíritu Santo de Dios?  Con frecuencia vemos hombres que tienen buena reputación:  son religiosos, morales, agradables, talentosos y genuinamente buenas personas; pero todo esto puede ser producto de su propia actividad originado en sus necesidades neuróticas de desear un reconocimiento, una posición, poder, aplausos e incluso calmar  una conciencia culpable.

Dios sólo desea en la posición de liderazgo y responsabilidad, a quienes estén controlados por Su Espíritu, porque sólo ellos estarán en condiciones de oír Su voz; sólo ellos tendrán la capacidad de cuidar a los demás con el corazón de Dios.  Así es Su selección y este debe ser el criterio para nuestra selección.  Aquellos a quienes elegimos para el liderazgo y posiciones de responsabilidad, deben dar muestras inequívocas del poder del Espíritu en sus vidas:  i.e. su fruto en las actitudes, la expresión y la acción.

“Llenos de sabiduría”.  La palabra griega para sabiduría, es ‘sophia’, que a menudo incluye dos cosas:  (1) satisfacción, la sabiduría de la Palabra, la verdad de la Biblia; pero también (2) el uso sabio o la aplicación sabia de la verdad a los detalles de su vida.  Esto significa la aplicación práctica de la Palabra, de manera que dé como resultado un cambio bíblico, a la semejanza de Cristo.  Las Escrituras nunca es un fin en sí misma, sino el medio de Dios para tener resultados producidos por la acción del Espíritu.

(3)    El objetivo de la selección (versículo 3): 

El objetivo se ve en las palabras:  “…a quienes encarguemos de este trabajo” (literalmente, necesidad).  Pero este nombramiento dependía de los siguientes requisitos.  Como es evidente en los capítulos anteriores, detrás de la actividad de los apóstoles estaba el ministerio ejecutivo del Espíritu Santo.  En la iglesia, debe ser el Espíritu Santo el que ubica a los hombres en los ministerios o posiciones de responsabilidad.  Él es el corazón y el poder de la iglesia, de su actividad misionera y de la preocupación amorosa por el cuerpo al igual que en la necesidad que se señala aquí en Hechos 6.

Como lo señala Oswald Sanders:

«Detrás de los actos de los apóstoles, la actividad ejecutiva del Espíritu, se ve en todas partes.  Como Administrador supremo de la iglesia y jefe Estratega de la empresa misionera, Él se destaca en todas partes.  Está registrado en forma muy evidente, que el Espíritu Santo es celoso de Sus prerrogativas y que no delegará Su posición o autoridad en manos seculares o carnales.  Incluso los hombres cuyos deberes serán muy importantes en los quehaceres terrenales de la iglesia, deben ser hombres dominados y controlados por Él.  La selección que ellos hagan debe estar influenciada por consideraciones de sabiduría del mundana, perspicacia financiera o aceptación social; en primer lugar deben ser elegidos por su genuina espiritualidad.  Cuando una iglesia u otra organización cristiana se aparta de ese modelo, se arriesga a la expulsión por parte del Espíritu de Su lugar del liderazgo.  Como consecuencia, Él es afligido y reprimido, con una muerte escasez espirituales como resultado». [3]

En la medida que el Espíritu Santo controla al hombre, de la misma manera controla un cuerpo de hombres.  Si los líderes no están caminando por el Espíritu, el Espíritu Santo no puede guiar al cuerpo.  Si los asignados a distintas tareas no están controlados por el Espíritu, éstas se harán con la energía de la carne más que por la capacidad que da el Espíritu.  Oswald continúa:

«El Espíritu Santo no toma control sobre ningún hombre o cuerpo, en contra de su voluntad.  Cuando Él ve a hombres seleccionados para ocupar algún cargo de liderazgo que carecen de idoneidad espiritual con Él, lentamente se retira y les permite implementar sus propias políticas de acuerdo a sus estándares; pero sin Su ayuda.  Lo inevitable:  una administración no espiritual.

La iglesia en Jerusalén era sensible a la exhortación de los apóstoles y a estos siete hombres seleccionados con los requisitos necesarios.  Como resultado de su actividad llenada con el Espíritu, el desamor fue rápidamente sanado, la iglesia fue bendecida y los hombres seleccionados dispensaron beneficios terrenales pronto fueron vistos como agentes del Espíritu dispensando bendiciones celestiales.  Esteban llegó a ser el primer mártir por Cristo y su muerte jugó un rol importante en la conversión de Saulo.  Felipe llegó a ser el primer evangelista laico y fue usado por el Espíritu para guiar el gran reavivamiento en Samaria…». [4]

El resultado inevitable de los líderes no espirituales de la iglesia, es el fracaso.  ¿Por qué el cuerpo de Cristo no es más efectivo en el día de hoy en seguir verdaderamente los principios y mandatos del Nuevo Testamento?  ¿Por qué no estamos más ministerios dedicados tanto al evangelismo y al equipamiento de los santos para el servicio y ministerio, esa clase que se reproduce a sí mismo en creyentes maduros y que sirven.  Este es un mandato del Nuevo Testamento (Mateo 28:19-20; Efesios 4:11-16; 2ª Timoteo 2:1-2); pero falta algo.

¿Podría la respuesta ser que un gran porcentaje de la iglesia no está caminando por el Espíritu y de acuerdo a la sabiduría bíblica?  ¿Podría ser que la iglesia de hoy en gran medida es solamente religiosa, yendo a través de mociones, yendo a la iglesia e incluso trabajando en ella pero por lo general, por motivos egoístas?  En el día de hoy, ¿la iglesia existe sólo por sí misma?  Hagamos esto más personal.  ¿Adoramos a Dios sólo por lo que podamos sacar de ello?  ¿Estamos tratando de usar a Dios más que ser usados por Dios?  La ironía de este tipo de adoración es que todo esto no es en realidad adorar a Dios, ni tampoco conduce al amor genuino por Él.  Es adoración y amor a sí mismo; no a Dios.  Cuando la gente ama y adora a Dios verdaderamente, se origina amor por el prójimo al alcanzar el mundo que nos rodea, primero en el cuerpo de Cristo y después al mundo (Mateo 22:34-40; Marcos 12:28-34; 1ª Juan 3:17.18; 4:7-8).

Pero, ¿por qué todavía existe esta situación?  Con tanto que nos dice la Biblia sobre el ministerio del Espíritu en la capacitación del creyente o sobre el poder y el poder y la necesidad de la Palabra en la vida del cristiano, ¿por qué vemos a las iglesias tan débiles, al menos bíblicamente hablando?  Por supuesto, no existen mega-iglesias con mega-programas y mega-esfuerzos; pero, ¿están originando creyentes y líderes maduros que se están multiplicando en la vida de otros?  Ciertamente, ¡esta es una de las evidencias verdaderas de la ora del Espíritu!

¿Puedo sugerirles que parte de la razón de las iglesias anémicas se debe a que la iglesia de hoy día ha perdido la esencia evangélica.  La esencia evangélica es un énfasis y un compromiso renovados al estudio de la Palabra y en forma particular, las enseñanzas de las epístolas con su fuerte énfasis en la sana doctrina.  La nota clave de esta sana doctrina es la salvación (liberación de la penalidad del pecado) y la santificación (liberados del reino del pecado) sólo por fe en Cristo, como lo revelan las Escrituras.  Con demasiada frecuencia en el día de hoy, el énfasis está más puesta en las obras, especialmente en las reformas sociales y políticas que en la doctrina bíblica.  Tal énfasis es simplemente el intento del hombre de continuar cambiar el mundo con esfuerzos humanos como si pudiéramos tener obras producidas por el Espíritu sin la sana doctrina.  Sabiendo que la sana doctrina nunca debe ser considerada como un fin en sí misma, sin embargo, es un medio vital para la transformación a la semejanza de Cristo.  Incluso un estudio casual de las epístolas de Pablo, especialmente sus introducciones a Timoteo y a Tito, debería alejarnos de esa idea.  La sana doctrina es la base de las obras del crecimiento del cristiano maduro como resultado del ministerio del Espíritu.  El Espíritu Santo es el Espíritu de verdad, que toma la verdad de la Palabra y la usa para transformar vidas (cf. Juan 17:17; 1ª Tesalonicenses 2:13; 2ª Timoteo 3:16-17)

Por lo tanto, si las iglesias desean producir líderes maduros que tengan las marcas de la madurez, deben volver a enseñar lo que se podría llamar el ABC del Crecimiento Cristiano (ver 1ª Corintios 3:1s; Hebreos 5:11s).  Por ejemplo, ¿cuántos cristianos de hoy realmente conocen, comprenden y viven de acuerdo a las verdades básicas de una vida controlada por el Espíritu?  Temo que la respuesta a esta pregunta es abrumadoramente triste.  Lamentablemente, en el día de hoy muchos están siendo estimulados y manipulados para hacer buenas obras y cambiar sus vidas, etc.; pero sin comprender cómo vivir la vida cristiana en el poder del Espíritu, bajo la luz de la Palabra.

Para estudiar este aspecto de la doctrina en el Nuevo Testamento, les sugiero lo siguiente:

§   Él que es Espiritual, Lewis Sperry Chafer, Zondervan, Grand Rapids

§   Espiritualidad Verdadera, Francis A. Schaeffer; Tyndale House, Wheaton

§   Creciendo Profundamente en la Vida Cristiana, Charles R. Swindoll, Multomah Press, Pórtland

§   Manténgase al Paso con el Espíritu, J.I. Packer, Fleming H. Revell; Old Tappan

§   La Maravillosa Vida Llenada con el Espíritu, Charles Stanley, Thomas Nelson, Nashville


[1] Colin Brown, Editor General, The New International Dictionary of New Testament Theology [Nuevo Diccionario Internaciona de Teología del Nuevo Testamento], Zondervan, Vol. I, p. 188.

[2] Brown, p. 191.

[3] Oswald J. Sanders, Spiritual Leadership [Liderazgo Espiritual], Moody Press, Chicago, 1967, 1980, pp. 97-98.

[4] Sanders, p. 98-99.