Estudios Bíblicos en Siguiendo sus Pisadas

Características de la Madurez Cristiana:
Marca # 6: Convicción Bíblica

Por J. Hampton Keathley III
Traducido por Juanita Contesse G.

Introducción

“Él creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dícho  Así será tu desendencia.  Y no se debilitó en la fe al conderar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara.  Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe , dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; por lo cual también su fe le fue contada por justicia”  (Romanos 4:18-22).

Abraham es llamado “padre de todos nosotros” (Romanos 4:16).  Desde el punto de vista de la fe, ciertamente él fue la epítome de un hombre de convicción bíblica como está demostrado en el libro de Génesis y en los pasajes ya mencionados.  Cuando todas las posibilidades estaban en su contra e incluso cuando en algunas ocasiones intentó darle una mano a Dios tomando algunas cosas en sus manos, Abraham tenazmente descansó en la promesa de Dios.

Pero, ¿qué queremos decir exactamente con el término convicción?  Convicción significa “el acto o proceso de convencer”, “el estado de ser convencido” o “una creencia fija o fuerte”.  Por lo tanto, por convicción bíblica queremos decir convicciones o creencias derivadas y basadas en un compromiso con las Escrituras, la Biblia.  Como la Santa Palabra de Dios, es el indicador absoluto para toda nuestra vida —fe y práctica.

La convicción se refiere al estado de ser convencido y confiados de que algo es verdadero; significa una gran persuasión o creencia.  En otras palabras, la convicción se opone a la duda y al escepticismo.  Cuando pensamos en un hombre de convicciones, también lo pensamos en términos de acción y de dirección.  Pensamos en una persona cuyas convicciones tienen un impacto definitivo en su forma de vivir, en lo que hace, dice y adónde va.  Por un hombre de convicciones bíblicas, entendemos que es un hombre cuyas convicciones derivan de las Escrituras y cuyas convicciones le afectan bíblicamente.

La convicción bíblica es en realidad el producto de tres cosas que caracterizan el ideal de un líder cristiano o de una persona madura:  (a) un compromiso con las Escrituras como su autoridad, (b) la construcción de creencias y convicciones basadas en esa autoridad, (c) el valor para actuar en aquellas convicciones y fe.

Ilustraciones

Isaías

En los primeros capítulos de Isaías, vemos una nación destituida en su liderazgo.  Los líderes eran vistos como personas adúlteras, contaminadas y debilitadas con las ideas y opiniones del mundo.  Como resultado, Isaías les llama “muchachos” y “niños caprichosos” (Isaías 3:4, NASB).  Eran como muchachos inmaduros que no actuaban con convicción bíblica, sino por capricho:  por antojos y fantasías de sus ideas y deseos egoístas.  Esto dio como resultado expedientes y decisiones arbitrarias en las que el fin justificaba los medios (cf. Isaías 1:21s; 3:1s).

Pero, ¿cuál fue la causa radical de este fracaso entonces y ahora al observar el deplorable liderazgo de nuestros gobiernos y con demasiada frecuencia de nuestras iglesias?  En vez de tener la Palabra como el indicador de sus vidas, han escuchado las influencias del oriente.  Eran religiosos; pero abandonaron la Palabra del Señor y era un pueblo sin convicciones bíblicas (cf. Isaías 1:10s; 2:5s; 5:13 con 20-24 y 8:16-22).

Líderes Apóstatas

2ª Pedro nos entrega otra ilustración de la necesidad de tener convicciones bíblicas basados en los absolutos de la Verdad.  ¿Cuál fue el problema básico de 2ª Pedro?  El liderazgo apóstata o maestros falsos que estaban conduciendo al pueblo lejos tanto de la doctrina como del comportamiento moral, por cuanto uno siempre sigue al otro.  La maldad está invariablemente unida a lo profano y lo profano a la doctrina falsa o al rechazo de la verdad (cf. 2:1-3, 14s).  Pero recuerden, el grado de apostasía descrito en 2ª Pedro 2 y 3, no ocurre de un momento a otro; es un proceso gradual y a veces casi imperceptible, por lo menos al principio.  Así es la sutilidad y el peligro de carecer de convicciones bíblicas.  Es una de las razones del por qué los hombres inmaduros no son elegidos como ancianos (ver 1ª Timoteo 1:6) y por qué los líderes maduros necesitan la sana doctrina (Tito 1:9).

Si no reconocemos estos primeros síntomas y no nos protegemos con una buena posición y conducta hacia la Palabra, gradualmente nos insensibilizaremos y cada vez estaremos más y más abiertos a los engaños de Satanás y al mundo secular y profano.  Es como la ilustración de lo que sucede cuando se pone a un sapo en un recipiente con agua fría y después lentamente echarle agua hirviendo en vez de echarlo de una vez a un recipiente con agua hirviendo.  El sapo saltará del recipiente con agua hirviendo; pero no se dará cuenta si el agua comienza a calentarse de a poco.

Esta es la razón del por qué 2ª Pedro 1(que precede a la sección sobre los apóstatas), es protector y llega a ser un pasaje importante sobre el liderazgo.  2ª Pedro 1, no sólo tiene que ver con el compromiso a la Palabra, su valor y naturaleza como la revelación del Espíritu de Dios, sino que tiene otras dos relaciones:  (a) nos exhorta en forma natural a tener cualidades cristianas maduras que son, por supuesto, cualidades esenciales para el liderazgo, y (b) nos advierte en contra de esa tendencia constante de regresar en vez de continuar creciendo y madurando.  Al igual que la segunda ley de la termo-dináminca, las cosas tienden a bajar.

Recordando que un hombre de convicciones bíblicas es alguien que se ve afectado espiritualmente, observemos una ley espiritual:  La Ley del Deterioro Espiritual.  La contaminación de la Palabra (la mezcla de nuestras ideas, el fracaso en desarrollar convicciones bíblicas basados en una exégesis sana), conduce a un pensamiento contaminado.  Entonces, una vida contaminada conduce a la pérdida de un liderazgo bíblico sano (i.e. hombres de convicciones bíblicas).  Esto conduce a una ruptura en el hogar, que a su vez lleva a la ruptura de la sociedad como se ve en forma tan evidente en los primeros capítulos de Isaías.

Ahora, ¿qué se quiere decir exactamente por el compromiso a las Escrituras?  Puedo sugerir que esto incluye al menos tres cosas:

(1)    Reconocer que las Escrituras son inspiradas y por lo tanto infalibles y la palabra final.  La Biblia es nuestro indicador de vida (2ª Pedro 1:20-21; 2ª Timoteo 3:16).

(2)    Compromiso con las Escrituras como nuestro estándar de pensamiento.  Todos tiene convicciones; pero, ¿son convicciones bíblicas?  Debemos usar la Palabra para filtrar todo lo que entra en nuestra mente de manera que cada uno de nuestros pensamientos esté de acuerdo a ella.  Si después de un estudio cuidadoso, lo que estamos pensando está de acuerdo con la verdad de la Escritura, entonces se le puede calificar como una convicción bíblica.  Esto significa que la Escritura siempre debe ser prioritaria sobre nuestras opiniones, experiencias y antecedentes.  Cuando para nosotros la Escritura deja de tener la prioridad, la adulteramos, la contaminamos y debilitamos su impacto en nuestras vidas.  Una comprensión errada de las Escrituras, eventualmente llevará a un comportamiento equívoco.  En otras palabras, por una mala aproximación, podemos negar su autoridad sobre nosotros (Marcos 7:13; 4:23;; Lucas 8:18; 2ª Timoteo 1:13-14; 3:14; 1ª Timoteo 6:20; 1:3, 11).

(3)    El Compromiso con la Escritura significa un compromiso con la excelencia en su estudio, uso y aplicación.  Esto significa ser  estudiantes cuidadosos que buscan manejar correctamente la Palabra (2ª Timoteo 2:15).  Mientras mejor sea nuestra visión de la Biblia, más esmerada y conciente debe ser nuestro compromiso y nuestro estudio.  Si la Biblia es la Palabra de Dios, entonces olvidémonos de las exégesis y aplicaciones descuidadas y negligentes; fuera con aquella tendencia de insertar nuestras opiniones sobre algún texto; fuera con ignorar el texto y asumir que nuestras ideas son las correctas sin haber estudiado cuidadosamente la Palabra, hasta que ella nos entregue sus tesoros espirituales (2ª Timoteo 2:14-19).

Por lo tanto, tenemos tres responsabilidades:  (1) Un compromiso con las Escrituras, (2) la construcción de convicciones bíblicas y (3) el valor para actuar bajo estas convicciones.