Estudios Bíblicos en Siguiendo sus Pisadas

Características de la Madurez Cristiana:
Marca # 8: El corazón de un Siervo

Por J. Hampton Keathley III
Traducido por Juanita Contesse G.

Introducción

En nuestra búsqueda de las marcas de la madurez espiritualidad y de madurez de la habilidad de liderazgo, no debemos pasar por alto aquella cualidad que están tan completamente caracterizada en la vida de Jesucristo; la cualidad de la servidumbre sin egoísmo.  Jesús dijo:  “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”  (Marcos 10:45).  El apóstol Pablo agregó lo siguiente, al escribir:  “…no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros”  (Filipenses 2:4). Y apuntando al Salvador como nuestro gran ejemplo, rápidamente agregó:  “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús”.  Pablo siguió con esta exhortación con un recuerdo vigoroso de la humillación de Cristo (Filipenses 2:6ss) quien aún siendo el mismo Dios, se hizo hombre tomando la forma de un esclavo.  No hay duda en que si como cristianos debemos crecer y madurar a la semejanza de Cristo, debemos experimentar progreso en darnos a nosotros mismos en el ministerio a los demás.  Aún cuando encontremos satisfacción y fuerzas en Cristo (Filipenses 2:1), cuando nos apropiadamente nos aferramos a Él, esa satisfacción debe impulsarnos a ser siervos del Salvador y de los demás.  La vida como siervos, se opone a la preocupación que existe hoy donde el enfoque de nuestra cultura y sociedad está en nuestra felicidad y satisfacción personal.

La preocupación por el hombre mismo en el día de hoy, se ve reflejada en consignas tales como:  «Sé todo lo que puedas ser» o «Experimenta tu potencial» y en los títulos y subtítulos de libros como:  El Secreto Cristiano para una Vida Feliz, La Mujer Total; Gozo en el Sexo; Más Gozo en el Sexo y la lista sigue y sigue.  Aunque muchos de estos libros puede que tengan verdades bíblicas o una ayuda genuina para tratar algunos problemas que enfrenta la gente como seres humanos, el mensaje —sea explícito o implícito— sugiere que la primera meta que debemos buscar es nuestra satisfacción y experimentar alguna forma de auto-expresión más que un crecimiento en el carácter y en la calidad de vida para el Salvador.  Para decirlo en forma simple, nuestra sociedad moderna del día de hoy, y esto incluye a un gran número de cristiano, está enfocada en hacer de la satisfacción una meta, en realidad, su religión.  Hay mucha más preocupación por la auto-satisfacción que en complacer a Dios y en servirle a Él y a los demás, verdaderamente, como lo vemos en la vida de Jesús.  Es típico en el día de hoy, la inmensa cantidad de ‘libros-como-hacer’ no sólo para el mundo secular, sino también para la comunidad cristiana.  Estos libros tienen como objetivo conducirnos a relaciones más exitosas, ser más como personas, realizar nuestro potencial, experimentar más sensaciones cada día, ponernos en forma, mejorar nuestra dieta, manejar nuestro dinero y suma y sigue.  Nuevamente, mientras que muchas de estas cosas son importantes y ocupan su lugar, nos sacan del enfoque de lo que es verdaderamente el corazón del cristianismo —conocer y amar a Dios y vivir como siervos en el poder del Espíritu de acuerdo al ejemplo de Cristo.

Pero, ¿qué es exactamente ser siervos?  Es un estado o una cualidad de aquel que vive para servir.  Más aún, primero que nada, un siervo es aquel que está en completa sumisión a otro.  Para los cristianos, esto significa estar sometidos a Dios en primer lugar y después a los demás.  Entonces, como alguien que está sometido, un siervo es alguien que busca encontrar las necesidades reales de los demás o de la persona a quien está sirviendo.  Para ponerlo de otra forma, la servidumbre es la condición o estado de ser un siervo de otros en el ministerio a los demás, más que satisfacerse a uno mismo.  Significa entregarse voluntariamente en el ministerio a los demás y hacer lo que corresponda para cumplir con lo que es mejor para otros.

Sin embargo, cuando se sirve a los demás y a sus necesidades, si el objetivo y la meta que nos lleva a hacerlo es alguna forma de amor por uno mismo, como que nos alaben por el servicio efectuado, entonces aquel servicio es hipócrita.  Este tipo de servicio está en realidad motivado por un fin de servicio egoísta —generalmente en la búsqueda vana de una importancia personal a través de algo como el halago, el poder o el estatus.

El plan de Cristo y aquello que produce una máxima bendición al mundo y a la iglesia, es la servidumbre.  Un siervo es alguien que, aún teniendo una posición de liderazgo, busca conducir e influenciar a los otros a través de vidas entregadas al ministerio para la bendición de los demás y para satisfacer sus necesidades.  Como lo demostrarán los pasajes que veremos a continuación, el Señor Jesús vino como un siervo con un compromiso para servir.  Piensen, si Él vino para ser servido, nuestra redención no puede llevarse a cabo.  De la misma manera, al fracasar vivir como siervos, origina una barrera inmensa en el ministerio eficaz como representantes del Señor Jesús.

Componentes de la Servidumbre en Pasajes del Nuevo Testamento

Por cuanto la vida como siervos se vio tan completamente resumida en la vida del Señor Jesús, naturalmente esperaríamos que hubieran muchos pasajes bíblicos que se relacionaran explícitamente con este tema.  Aunque el espacio no nos permitirá una exégesis profunda, creemos que las citas que veremos, extraídos de varios pasajes del Nuevo Testamento, llamarán nuestra atención a algunos principios vitales que describen la cualidad de la madurez espiritual de vivir como siervos.

Mateo 20:20-26 (ver también Marcos 10:35-45)

“Entonces de le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo.  Él le dijo:  ¿Qué quieres?  Ela le dijo:  Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda.  Entonces Jesús respondiendo, dijo:  No sabéis lo que pedís.  ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?  Y ellos dijeron:  Podemos.  Él les dijo:  A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi padre.  Cuando los diez oyeron esto, se enojaron contra los dos hermanos.  Entonces Jesús, llamándolos, dijo:  Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad.  Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”

Una consideración de Mateo 20:20-28 y de Marcos 10:35-45, nos muestra que básicamente existen dos opciones abiertas para la gente.  Nos serviremos a nosotros mismos, una elección que anula nuestra capacidad de vivir como discípulos, o aprenderemos a vivir como siervos por una relación de fe con Dios a través de Cristo.  En Mateo 6, el Señor declaró lo siguiente:  “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimarla uno y menospreciará al otro.  No podéis servir a Dios t a las riquezas”  (Mateo 6:24).  Cuando servimos al dinero, en realidad estamos siendo siervos de nosotros mismos y satisfaciendo nuestros deseos por lo que el dinero puede comprar, como:  importancia, poder, placer, seguridad o estatus.  El dinero no es malo y tampoco lo es tenerlo; pero si se convierte en nuestro señor, controla nuestros valores, nuestras prioridades y nuestros objetivos y no buscamos a Dios, lo que sí es malo (ver 1ª Timoteo 6:8-10).

Cristo muestra que Su organización u organismo, el cuerpo de Cristo, debe funcionar en base al servicio a los demás.  La gente espiritualmente madura que experimenta Su vida, son aquellos que en primer lugar han desarrollado un corazón de siervo, como el del Señor.  Por lo tanto, un concepto verdadero del liderazgo cristiano maduro, significa servir a quienes nos siguen y enseñarles con nuestro ejemplo a ser servidores de los demás.

Una madre se acercó al Señor; probablemente a solicitud de sus hijos y buscó un estatus para ellos.  ¿Por qué?  Pensando tontamente que esa posición les daría felicidad e importancia; ellos querían una posición que les diera autoridad, halagos y poder.  La respuesta de nuestro Señor demostró que primero que todo habían estado influenciados equivocadamente por las actitudes del mundo (vs. 25).  En lugar de pensar con la mente de Cristo (Filipenses 2:5; 1ª Corintios 2:16b), como deberían hacerlo Sus discípulos, estaban  pensando como los del mundo no regenerado.  Por lo tanto, si iban a servir como Sus discípulos, la orientación de sus pensamientos necesitaban una transformación drástica (ver Romanos 12:1-8).

Naturalmente, el modelo del liderazgo y de la madurez de todos los cristianos, es el Señor Jesús.  Es instructivo observar que en el contexto de servir, Él habló de Sí mismo como el Hijo del Hombre.  Esta era una de las formas preferidas que tenía para referirse a Sí mismo (utilizado alrededor de 90 veces) y era un título mesiánico basado en Daniel 7:13-14.  Como tal, se unía a Sí mismo a la tierra y a Su misión; pero también enfatiza Su preeminencia, dignidad y autoridad (ver Lucas 6:5; Juan 6:62).  El contraste entre quién era Él:  el Hijo del Hombre y lo que Él hizo:  humillarse a Sí mismo, se acentúa con la palabra ‘porque’ en Marcos 10:45:  “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir…”.  Este título mesiánico llama nuestra atención a Su asombrosa humildad como alguien que, aún siendo el mismo Dios y el Mesías, vino para servir a para dar Su vida como rescate.  En otras palabras, Él vino para servir para libertar a los hombres para que fueran el pueblo que Dios había creado siendo lo que debían ser.

Por cuanto en este pasaje el Señor estaba corrigiendo el pensamiento de Sus discípulos, éste claramente ilustra cuán necesario es apartar un tiempo para estar con Él en Su Palabra, para permitir así que Su vida y Sus enseñanzas de las Escrituras transformen nuestros pensamientos y así, nuestra fuente de confianza, aspiraciones y acciones.

Cuando el resto de los discípulos oyeron la solicitud de estos dos hermanos, se indignaron y se originó un cierto grado de división entre ellos.  Esto demuestra cómo el desear ocupar una posición determinada, tener poder y recibir halagos, rápidamente arruina las relaciones del cuerpo de Cristo, creando desunión y división.  La vida como siervo, origina todo lo contrario.

Principio:  el propósito de servir a los demás, es libertarlos para que amen y sirvan a Dios y no hacerlos nuestros siervos o servir nuestros propios deseos o necesidades.  Todos somos responsables de servirnos los unos a los otros; pero nunca hacerlo para luego ser servidos o para satisfacer nuestros antojos.

Mateo 23:11-12

“El que es mayor de vosotros, sea vuestro siervo.  Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”

La grandeza del reino de Dios, nunca se encontrará en los puestos que se ocupan y en l poder que se ejerce; tampoco en la alabanza o en las opiniones que se reciben e los hombres, sino en el servicio a los demás.

Nuevamente vemos que uno de los mayores impedimentos del servicio o de una vida de servicio , es el deseo de recibir algún tipo de exaltación —posición, halagos, prestigio y poder.  Aquellos que toman el camino secular tan típico del mundo y que se exaltan a si mismos, eventualmente serán humillados.  No sólo perderán el estatus que buscan; pero si son creyentes también perderán la recompensa del reino.

Siguiendo la declaración de los versículos 11 y 12, el Señor comenzó a maldecir a los fariseos quienes por supuesto deseaban tener posición y halagos.  Estas maldiciones ilustran algunas de las consecuencias que sufren los hombres cuando fracasan ser como siervos.

Lucas 22:24-30

“Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor.  Pero él les dijo:  Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores; mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve.  Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve?  ¿No es el que se sienta a la mesa?  Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve.  Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas.  Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel”

El fondo aquí es la Pascua y la institución de la Cena del Señor, las cuales hablan de Cristo en Su persona y en Su obra, como el siervo sufriente que moriría por nuestro pecado.  Esta escena presenta un cuadro gráfico de cómo la preocupación centrada en uno mismo (posición, halagos y aceptación por parte de los demás), arruina nuestra capacidad de alabar en forma apropiada y de relacionarnos con la persona y obra del Salvador.  Debido a que intentaban lograr la felicidad y su importancia manejando sus propios asuntos, estaban ciegos para ver lo que Él buscaba enseñarles y hacia lo que Su vida significaba para ellos.

La vida de siervos será recompensada en el futuro.  Uno de los obstáculos de vivir como siervos, es la impaciencia del hombre y su deseo de ser servido, ¡ahora!  Por lo tanto, una de las claves del servicio efectivo es la fe y la orientación constante con el peso de la eternidad (2ª Corintios 4:15-18).  Cuando buscamos recompensa en el halago de los hombres, como lo hicieron los fariseos, perdemos el poder de Dios en nuestras vidas y ministerios y también la recompensa en el futuro (cf. Mateo 6:1-4).  Pero, ¿por qué lo hacemos?  En nuestra incredulidad, dejamos de descansar en la sabiduría de Dios y lo hacemos en nuestra necedad a través de la cual dirigimos nuestra vida por nuestros propios planes y maquinaciones.

Juan 13:1-5 y 12-17

“Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.  Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó.  Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido”.

“Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo:  ¿Sabéis lo que os he hecho?  Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy.  Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros.  Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.  De cierto, de cierto os digo:  El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió.  Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis”.

Tal vez no hay otro pasaje que ilustre mejor la fuente y naturaleza del corazón del siervo, que Juan 13.  Aquí, en el aposento alto, en la noche antes de Su crucifixión, el Señor Jesús dramáticamente toca el tema y la naturaleza de lo que significa ser un siervo.  Imagínense la escena.  Todo había sido preparado para esta última cena con los discípulos, excepto una cosa.  De acuerdo a la costumbre de la época, un siervo con un tiesto con agua y una toalla en las manos, debería lavar los pies de los huéspedes que habían caminado por los caminos sucios y polvorientos de Palestina.  Pero, ¿quién desempeñaría la función del siervo que tendría que hacer esta tarea?  Puedo ver a los discípulos mirando a su alrededor esperando que otro lo hiciera, sin considerar ni por un momento que él podría hacerlo.  Entonces, el Señor Jesús se levanta para hacerlo Él mismo.  Deja a un lado su capa, se ciñe con una toalla alrededor de Su cintura, toma el jarro con agua y comienza a lavar los pies de los discípulos, lo que es una analogía del abandono de Sus privilegios y adoptando el rol de un siervo.

Primero, debemos observar que la fuente de las acciones de Jesús, yacen en Su conocimiento y en la seguridad que tenía de quién era Él y del lugar adónde se dirigía (vs. 1-3).  Jesús tenía plena conciencia de Su autoridad soberana, de Su origen y del destino final que tendría por cuanto estaba sometido y dependía por fe en lo que el Padre estaba haciendo (cf. vs. 1, 18).  Por lo tanto, en esa confianza, voluntariamente tomó el lugar del esclavo y lavó los pies de Sus discípulo.  Su pensamiento y Su obra, contrasta enormemente con la inseguridad de los discípulos, ninguno de los cuales quería tomar la toalla y ocupar el puesto que le correspondía a un esclavo (cf. Mateo 20:20-24; Marcos 9:33-34; Lucas 22:24-30).

La seguridad de Cristo, Su amor y Su confianza en el Padre y en el futuro, le permitieron asumir la posición del siervo, ejemplo asombroso de condescendencia (vs. 4-6).  Esta actitud, fe y acción, retratan completamente Su ministerio en la tierra (cf. Filipenses 2:5-8) y nos provee el ejemplo completo  de lo que Él quiere hacer en nuestras vidas.  Pero esto también demuestra cómo una vida de servicio se cumple en nosotros —por medio de la fe y comprensión de lo que somos en Cristo y por la confianza en las glorias eternas del futuro.  Después que Jesús terminó de lavar los pies de los discípulos, Él regresó a Su lugar y declaró lo siguiente:

“Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo:  ¿Sabéis lo que os he hecho?  Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy.  Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros.  Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis”  (Juan 13:12-15).

Después de haber señalado Sus acciones como un ejemplo para los discípulos, Cristo saca a relucir una lección ineludible, definida como ‘verdad solemne’.  Si Él, su Maestro y a quien adoraban, adoptó el rol de un siervo para ministrar a otros, entonces ciertamente ellos debían hacer lo mismo —tomar la toalla de la servidumbre como un ministerio a los demás y no pretender elevarse a sí mismos.  Irónica y contrariamente al pensamiento del mundo, la bendición viene del servicio a los demás.

“De cierto, de cierto os digo:  El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió.  Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis”  (Juan 13:16-17).

Filipenses 2:1-8

“Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.  Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.  Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte cruz”

Este pasaje clásico sobre la humillación de Cristo (versículos 5-8), se cita aquí como ejemplo supremo de la vida de servidumbre generosa para los cristianos.  El apóstol presenta al Señor Jesús como Aquel que en Su suprema superioridad, manifiesta qué es el modelo para todos los cristianos; nos señala a la humildad que se necesita para vivir como siervo de los demás.  Aunque existiendo como Dios con todos los derechos y prerrogativas de  la deidad, Jesucristo se vació a Sí mismo tomando la forma de un esclavo, transformándose en humanidad verdadera.  Cristo veló Su deidad y voluntariamente dejó a un lado el derecho a usar y a manifestar Sus prerrogativas divinas en sometimiento al Padre.  Al hacerlo, se humilló a Sí mismo muriendo y más aún, muriendo en una cruz.

Pero lo que no podemos pasar por alto, es la declaración de Pablo en el versículo 2 y las implicaciones que se de aquí se sacan.  El verbo principal del pasaje es “completad mi gozo”.  El ver a hombres y mujeres venir a Cristo con fe, da gozo; pero como alguien dedicado a ver a creyentes madurar en ser semejantes a Cristo (ver Colosenses 1:28; Efesios 4:13), nada le daba más gozo a Pablo (vs. 2) verlos generosamente sirviendo a otros con una mente madura en Cristo (vs. 2-5).  Pero ante que el apóstol dijera “completad mi gozo”, comienza haciendo pensar a los filipenses en era de ellos en Cristo por la obra de Dios.  Literalmente, el texto comienza con frases que tienen el “si”.  Él escribió:  “…si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia…”.  En griego, estas son cláusulas condicionales de primera clase, las que para el bien del argumento o para obtener una respuesta del lector, acepta la declaración como verdadera.  Es lo que puede llamarse una condición de respuesta.  Pablo no estaba poniendo en dudas la realidad de estas bendiciones en Cristo.  Más bien utilizó esta condición de primera clase, como una especie de figura retórica para que el lector pensara sobre el tema y respondiera en forma apropiada.  El punto aquí es la consolación, el consuelo del amor y el compañerismo en el ministerio y en el poder del Espíritu.  Y el resultado —la consolación y misericordia que tendrán todos los creyentes unos por otros.[1]  Pero nunca deberemos tomar estas bendiciones sólo como un consuelo personal.  La meta y el resultado debe ser una vida de servidumbre, vivir tal como está expresado, especialmente en los versículos 3-5:

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.  Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús”  (Filipenses 2:3-5).

Lo fundamental en vivir como siervos, como el satisfacer las necesidades de los demás, es una profunda humildad manifestada en desear tomar la toalla del siervo sin considerar nuestro estatus o nuestra posición en la vida.  Sin importar cuál sea nuestra posición o nuestra condición en la vida, ya sea rey o vasallo, rico o pobre, fuerte o débil, brillante o de mente débil, noble o común, etc., en Cristo, Dios llama a todos los cristianos a vivir como siervos, atendiendo a los demás siendo Jesucristo el ejemplo perfecto de Aquel que aún siendo el Dios mismo, tomó para Sí “la forma de siervo”.

«… Cuando Jesucristo vino al mundo, no lo hizo como un hombre que llega a una casa rica en donde todo lo que allí hubiera sería Suyo.  Su hogar se caracterizó por la pobreza.  No nació en un hogar de la realeza para ser respetado como heredero, aún teniendo todo el derecho para gobernar esta tierra.  No nació en el hogar del César de manera que a su debido tiempo siguiera a Su padre al trono.  Su posición en la tierra fue la de un siervo.  Un siervo no se caracteriza como una persona que deba ser despreciada, sino como alguien sin derechos, un siervo se somete a sí mismo a la voluntad de su maestro.  Lo que Pablo enfatiza es que cuando Jesucristo vino al mundo, vino como Aquel que no tuvo derechos propios.  Aquel que tenía todos los derechos que le pertenecían al eterno Hijo de Dios y que los dejó a un lado; Él vino al mundo como un siervo que no tenía derechos y que está sometido a la autoridad de otro»[2]

La verdadera prueba de estar verdaderamente madurando y aprendiendo a ser semejante a Cristo como siervo, es cómo reaccionamos cuando la gente nos trata como tal.

Inquietudes a Considerar

Al querer desarrollar un corazón de siervos, los cristianos naturalmente se enfrentan a las fuerzas opuestas del mundo, de la carne y del demonio; todas las cuales están dirigidas a promover consideraciones egoístas y especialmente a la búsqueda de ser importantes.  Aún si están comprometidos en obras religiosas o humanitarias, es muy fácil que surjan búsquedas egoístas.  Aunque existan sin lugar a dudas, muchas razones para que esto suceda, me gustaría referirme a dos inquietudes fundamentales que me gustaría discutir:

(1)    La gente con demasiada frecuencia sirven a otros basados en su propia necesidad de aprobación o de ser importantes.  Generalmente, la comunidad cristiana comprende que debe vivir como siervo; pero nuestra preocupación por ser importantes, nos quita la habilidad de servir.  Parte del problema es que en nuestra sociedad esta búsqueda egoísta ya no es vista como una neurosis o como un desorden mental.  De hecho, no sólo es visto como algo natural, sino que se presenta como una necesidad legítima y como algo que todos deben buscar.  Hoy en día es más importante que los niños se sientan bien consigo mismo que aprender el ABC.  Pero el problema es que el mundo está buscando significado en todos los lugares inadecuados y por cualquier medio.  La búsqueda de ser importantes, como lo promueve el mundo, naturalmente origina lo contrario a la servidumbre.  Origina un egoísmo extremo y un comportamiento aberrante.

La gente hoy día a menudo se muestran externamente, demostrando abiertamente el modelo cristiano mientras que internamente están actuando para sentirse mejor consigo mismos o para obtener posición, halagos, aceptación, etc.  Reitero, tal conducta surge del modelo mundano que opera de un punto de vista diferente.  Como resultado, mucha gente sirve con capacidades diversas en la iglesia, basados en programas falsos.  Después de la exhortación en Romanos 12:1-8, que incluye el servicio a los demás, en forma significativa el apóstol nos advierte:  “El amor sea sin fingimiento” (Romanos 12:9)

Si no somos extremadamente cuidadosos y estamos constantemente revisando nuestras motivaciones, podemos engañarnos a nosotros mismos.  Podemos comprometernos en todo tipo de servicios, estando en realidad sirviendo nuestras propias necesidades —deseos de ser aceptados o sentimientos de importancia, o para tener el control de algo, o para ser enaltecidos, tener una posición, poder y prestigio.  Podemos servir para sentirnos importantes y no porque realmente amamos a la gente y al Señor, o porque confiamos en quienes somos en Cristo —para completarnos en Él.

(2)    Debemos identificar y servir las necesidades reales de los demás y no sus deseos neuróticos.  Vivimos en una sociedad auto-céntrica que desea comodidades y felicidad.  También es una sociedad que desea ser servida por otros.  Podemos comparar a tantos de los que siguieron a Cristo.  Eran seguidores curiosos e incluso convencidos; pero algunos lo siguieron por motivaciones erradas:  razones políticas, pensando que Jesús les sacaría del yugo de Roma.  Otros le siguieron por comida (Juan 6:15s).  Sin considerar los motivos, el Señor en forma regular desafió esos motivos impuros.

Esta mentalidad falsa se manifiesta en la iglesia de varias formas.  Por ejemplo, consideren la razón por las que muchas iglesias contratan a un pastor o un directorio.  La razón bíblica, por supuesto, sería equiparse para el ministerio.  Como lo demuestra Efesios 4:11s, al liderazgo de la iglesia se le ha entregado el mandato de equipar a los santos para el trabajo en el ministerio —vida de servidumbre.  Pero las iglesias con demasiada frecuencia contratan pastores para que sean sus ministros, no para que les equipen para el ministerio.  Desean líderes que les sirvan y que traigan comodidad a sus vidas.  Pero esto contradice el principio de servidumbre de las Escrituras y la meta bíblica de los líderes que es ayudar a su gente para que desarrollen la madurez como cristianos a la semejanza de Cristo.  Los líderes y los discípulos de la misma forma, deben reconocer que al tener una meta equivocada (hacer que la congregación esté feliz y cómoda), les conducirá a la miseria y no a una verdadera felicidad.

«Muchos de nosotros le damos la más alta prioridad, no a llegar a ser a la semejanza de Cristo en medio de nuestros problemas, sino a encontrar la felicidad.  Deseo ser feliz, pero la verdad paradójica es que nunca lo seré si me preocupo fundamentalmente a ser feliz.  Mi meta dominante debe estar en toda circunstancia para responder bíblicamente, poner en primer lugar al Señor, querer comportarme como Él quisiera que lo hiciera.  La verdad maravillosa es que en la medida que pongamos nuestra energía en la tarea de llegar a ser lo que Cristo quiere que seamos, Él nos llenará con un gozo inenarrable y con una paz que sobrepasará a lo que el mundo ofrece…»[3]

¿Por qué la servidumbre es tan importante para la vida cristiana y para el ministerio cristiano?  Bien, tan solo consideremos las consecuencias tan negativas de un servicio egoísta, como se ve en las maldiciones pronunciadas sobre los fariseos en Mateo 23:13s.  Más aún, un estilo de vida con un servicio a nosotros mismos, no sólo es contradictorio a la vida, a la muerte y al mensaje del Salvador, sino que también engendra división en el cuerpo de Cristo.  Un servicio que se sirve a sí mismo, simplemente no puede sostenerse bajo presiones del ministerio las grandes dosis de crítica que a menudo van junto con él.  Eventualmente este tipo de servicio se desintegrará bajo las críticas, porque está más preocupado de sí mismo y de la importancia personal que en las necesidades de los demás.  De hecho, si no encontramos nuestra importancia en el Salvador, nos obsesionaremos con el deseo de obtener reconocimientos.  Esta obsesión a menudo nos conducirá a explotar —ira, amargura y un corazón envenenado en contra del ministerio.

Condiciones que Obstruyen la Servidumbre

¿Cuáles son algunos de los obstáculos que obstruyen la mentalidad para servir?  Mientras consideramos lo siguiente, pensemos en nuestra propia vida y en nuestras tendencias naturales.

(1)    El deseo de tener una posición o sentirse importante, es una barrera tremenda de la servidumbre bíblica.  Esto se hace muy evidente en la renuencia de los discípulos a tomar la toalla y en la posición de un siervo como se ve en Juan 13.  Pero necesitamos comprender esta aspiración por un estatus, que en realidad se origina en el fracaso de descansar en la importancia que tenemos en el Señor.  Cuando los cristianos no descansan en lo que son en Cristo, estarán constantemente luchando por la necesidad de importancia o significado desde sus propios deseos y necesidades.  Más aún, esta necesidad estará constantemente inflamada por las influencias de los sistemas del mundo que operan en bases totalmente diferentes.  Creemos que la felicidad vendrá si somos tratados de cierta forma; pero esto no es así pues siempre habrá quienes no nos tratarán de la forma que queremos.

(2)    Las estrategias humanas para satisfacer sus propias necesidades, es otro obstáculo que obstruye una vida de servidumbre.  Todos enfrentan el problema de satisfacer sus necesidades mediante sus propias soluciones y mecanismos de defensa y de escape (i.e. las cosas que hace la gente para proteger su imagen o cómo desean que los demás piensen de ellos).  Nuestra necesidad y responsabilidad es confiar en el Señor para nuestra aceptación, habilidad, producción y fuerzas.  Basados en los valores y en las verdades bíblicas, debemos por fe y en un acto voluntario, rechazar firmemente el objetivo de buscar satisfacer nuestras necesidades y adoptar el objetivo de llegar a ser un siervo al igual que el Señor.

(3)    Un concepto pobre de nuestro valer, junto con una fuente equivocada para desarrollar esto, conforma otro obstáculo que obstruye una servidumbre efectiva.  Como ya lo mencionamos, la gente a menudo busca su auto-valor basada en las opiniones de los demás, más que en el valor que Dios pone en sus vidas de acuerdo a Su Palabra.

(4)    Una vida centrada en sí mismo, o buscar la felicidad del mundo más que en el Salvador y en Su propósito y llamado a su vida es otra causa de fracaso en vivir como siervos.  Naturalmente, esto origina una falta de compromiso y en prioridades y búsquedas equivocadas, que dejarán poco tiempo o nada para el Señor o para ministrar a los demás y al cuerpo de Cristo.

Consecuencias de la Ausencia de Servidumbre

¿Cuáles son entonces, las consecuencias de la falta de servidumbre en el cuerpo de Cristo?

(1)    Lo opuesto a un corazón de siervo, es la búsqueda de sí mismo lo que lleva a consecuencias como los celos, la envidia, desunión y división.  Esto se hace muy evidente en las acciones de los discípulos (ver nuevamente Lucas 22:24-30).  La exhortación y la enseñanza de Pablo en Filipenses 2, se centra alrededor del llamado a tener armonía entre los filipenses, donde evidentemente había desunión (ver 1:27; 2:2).

«Leonard Bernstein, el célebre director de orquesta, en una oportunidad se le preguntó:  “¿Cuál es el instrumento más difícil de tocar?”  Sin dudar un solo instante, contestó:  “El segundo violín.  Siempre puedo encontrar bastantes primeros violines; pero encontrar a alguien que toque el segundo violín con mucho entusiasmo, y un segundo corno francés, o una segunda flauta, ¡eso sí que es problema!  Y eso que si nadie toca un segundo instrumento, no tenemos armonía”»[4]

(2)    Fracasar en involucrarse en el ministerio.  Como es evidente en el comportamiento de los discípulos en Juan 13, la ausencia de un corazón de siervo hace que la gente simplemente se siente esperando que otros les sirvan.  Esto es lo que puede llamarse ‘mentalidad del hombre descansado’, condición que se observa cuando las congregaciones contratan a un ministro para que les ministre.  La actitud es:  estamos aquí para ser ministrados más que para ser equipados para el ministerio.

(3)    Extinción de aquellos que están ministrando.  Esto puede ser causado por cansancio, simplemente debido a que unos pocos intentan hacer todo el trabajo.  O, como lo mencionábamos antes, el apagarse completamente puede tener su origen en la presión y en el dolor en un alto grado por motivaciones de auto-satisfacción al verse acepados, etc.

(4)    La iglesia no cumple con su llamado a hacer lo que se debía en evangelismo y en todos los aspectos de la edificación, debido a la falta de gente que ministre.  Una de las metas claras de Efesios 4:12ss. en el equipamiento de los santos para el ministerio, es involucrar a todo el cuerpo en el ministerio de acuerdo a los dones y habilidades de los santos.  De hecho, esta es una de las marcas de la madurez.  Hablando del objetivo de equipar a los santos para ser siervos maduros, el apóstol Pablo dijo:

“…para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor”  (Efesios 4:14-16; énfasis del autor).

(5)    La ausencia de un corazón de siervo, conduce al desarrollo de juegos de poder o a ser el rey espiritual de la montaña.  Esto naturalmente, conduce a la amargura, contención y a la división del cuerpo de Cristo.  Nuevamente, enfatizo que el estilo en que Jesús ejerció Su ministerio, se opone a la mentalidad del mundo basada en el poder, en los que ciertos tipos de cumplimientos son vistos como un título de importancia y de poder.  El amor cristiano significa poner primero a los demás, buscar el bien de los demás sin considerar cuánto nos cueste, incluso si somos llamados a tocar el segundo violín.

(6)    La ausencia de un corazón de siervo, es realmente la ausencia de humildad u orgullo.  Tal como lo declaran tan evidentemente las Escrituras, esto lleva la pérdida de poder de Dios en el ministerio.  “Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque:  Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes”  (1ª Pedro 5:5).  El orgullo o la falta de humildad, reprime al Espíritu Santo (cf. Gálatas 5:13-26).

(7)    Incapacidad para conducir a otros en las cosas de Cristo debido a la hipocresía que busca satisfacerse a sí mismo. (Mateo 23:13s).

En vista de estas consecuencias, debemos formularnos una simple pregunta:  ¿Tengo un corazón de siervo?  Si creo que lo tengo, entonces, ¿Cómo se demuestra esto en mi vida?

Pensamientos en el Desarrollo del Corazón de un Siervo

Entonces, ¿cómo puedo desarrollar el corazón de un siervo que me llevará a un crecimiento genuino, a una vida de servidumbre?  Aunque ciertamente no en forma exhaustiva, los siguientes pensamientos confío que serán útiles en este aspecto.

Aprender a vivir como un siervo, naturalmente comienza con el Señor Jesús.  Como creyentes que deben seguir los pasos de nuestro Salvador, es importante que nos enfoquemos en Él porque Él fue y es el ejemplo de la humildad, de la madurez y del liderazgo.  Pero lo que más le caracterizó fue Su servidumbre.  Incluso ahora, aunque esté sentado a la diestra del Padre como el Señor glorificado, Él sigue ministrándonos como nuestro Abogado, Intercesor y Cabeza del cuerpo de Cristo.  Esto es tremendamente importante, especialmente a la luz de quién fue y quién es Él.  Con esto en la mente, revisemos la siguiente verdad:

(1)    Aún siendo el mismo Dios, se humilló a Sí mismo llegando a ser un verdadero humano en la forma de un siervo (Filipenses 2:5-8) y Dios lo exaltó en lo alto (vs. 9).  El camino hacia un liderazgo exitoso, está pavimentado con el sólido y concreto servicio humilde a los demás.  Incluso en el Antiguo Testamento, que anticipa las glorias del reino del Mesías, éste es visto como el “siervo sufriente”.

(2)    Si somos realmente seguidores del Señor, estaremos buscando servir a los hombres.  Si no estamos buscando servir a los otros por motivaciones puras, quiere decir que no estamos siguiendo al Señor, al menos no de cerca.  Cristo le dijo a Sus discípulos, cuando éstos quisieron seguir Sus pasos:  “…el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir…” y en otro lugar de las Escrituras, dijo:  “Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve”  (Mateo 10:45; Lucas 22:27).

(3)    En el supremo acto de servicio como nuestro Gran Sumo Sacerdote, Cristo se ofreció a Sí mismo en la cruz como el sacrificio por los pecados del mundo y permanece sentado como nuestro Abogado ante Dios.  Al conocer y confiar en Su identidad (Juan 13:1s), sabiendo el por qué Él vino a la tierra como el siervo que debía morir por nuestro pecado, enfocándonos en las recompensas del futuro y al actuar basados en el corazón del amor infinito, Cristo lavó los pies de los discípulos.  Esto es un símbolo del servicio que Él sigue realizando por nosotros en el lavado diario de nuestros pecados, aún cuando Él es el Señor resucitado y exaltado.

Engstrom, escribe:

«Su forma de servir, estableció un ejemplo.  Es así que Él mostró a Sus seguidores cómo servir y no pidió menos a quienes que seguirían con Su obra en la tierra.  Jesús enseña a los hombres de todos los tiempos, que la grandeza no se encuentra en los rangos o en las posiciones, sino en el servicio.  Dejó muy claro que el verdadero liderazgo tiene sus raíces en el amor que debe ser el motivo en el servicio»[5]

(4)    Otra verdad vital para desarrollar el corazón del siervo, es enfrentar la realidad de nuestra propia debilidad y de nuestras necesidades.  Nadie con su energía propia tiene la capacidad de darse a sí mismo en sacrificio como siervo, de acuerdo al ejemplo del Salvador.  Para esto necesitamos el ministerio transformador y la capacidad dadas por el Espíritu Santo y la dirección, la gracia y la fuerza renovadas que vienen de vivir y crecer en la Palabra.  Por lo tanto, una vida llena de la Palabra (Colosenses 3:16) y del Espíritu (controlada por Él) (Efesios 5:18) , es absolutamente esencial para la capacidad de entregarnos como siervos.

(5)    Otros dos elementos que acompañan la vida como siervos, son:  el sometimiento y el sacrificio, como lo vemos en Romanos 12:1-2.  El espíritu que busca satisfacerse a sí mismo y que tiene una mente de acuerdo al mundo, se opone a la mente del siervo que tiene una vida de sacrificio.  Por lo tanto, basado en las misericordias de Dios que están disponibles para los que creen en Cristo, el apóstol hace un llamado a los creyentes que se sometan a Dios como sacrificio vivo.  Para esto y para mantener una vida controlada por el Espíritu y llena de la Palabra, es muy importante la necesidad de una renovación diaria de la mente en la verdad de la Palabra:

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”  (Romanos 12:1).

Tal sometimiento y sacrificio, naturalmente forma la base y el origen de la vida de servicio, que es notoriamente la voluntad de Dios para todos los cristianos.  Por lo tanto, Pablo inmediatamente señala a sus lectores las responsabilidades del ministerio cristiano (Romanos 12:3-8).  El punto es que la consagración a Dios y la vida transformada por la renovación de la mente, debe demostrarse en darse a sí mismo a través del ejercicio de los dones espirituales en el cuerpo de Cristo.  Reitero, en el ámbito del sometimiento y del sacrificio, el Señor Jesús es nuestro ejemplo perfecto.  Primero, al querer voluntariamente sacrificar Su posición y privilegios, Él se sometió a Sí mismo a la voluntad de Su Padre.  Esto también significa que deseaba voluntariamente servir e incluso sufrir el cumplimiento del plan de Su Padre para nuestra salvación.  Por lo tanto, de la misma manera que Él estaba dispuesto a sacrificarse y a someterse de modo de satisfacer nuestras necesidades (llegando a ser nuestro Redentor y nuestro Abogado), así nosotros debemos desear servir, someternos y sacrificarnos para satisfacer las necesidades de otros como un despliegue de la mente de Cristo (Filipenses 2:3-5).  Entonces, para la los cristianos, esto significa:  (a) conocer la Palabra que identifica las necesidades reales de la gente, y (b) trabajar en el poder del Espíritu para satisfacer aquellas necesidades de acuerdo a nuestros dones, oportunidades y capacidades (ver Hechos 6:1-6; Colosenses 1:27-2:1).  También significa cuidar a la gente y llegar a conocerles personalmente, de manera de ayudarles a satisfacer sus necesidades particulares y en la medida que se nos dé la oportunidad, de acuerdo a nuestras habilidades para hacerlo y en la medida que el Señor nos provea una forma de hacerlo.

(6)    Otro elemento importante para desarrollar el corazón del siervo, es aprender a descansar y buscar la importancia de saber quiénes somos en Cristo.  En Él, somos completos (Colosenses 2:10) y bendecidos con toda bendición espiritual (Efesios 1:3).  Lo que podría ser más importante que ser llamados hijos de Dios, un título que se aplica a todos los que creen en Cristo.

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.  Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.  Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro”  (1ª Juan 3:1-3).

La necesidad del cristiano, entonces, es buscar su bienestar y felicidad en su identidad en Cristo y no en resto de la gente o de alguna posición.  Caso contrario, incluso si sirve, lo hará por motivaciones personales como ser aceptado o recibir halagos (ver Juan 13:1; Romanos 12:3; Efesios 1:6; Colosenses 3:3-4).  La búsqueda obsesiva del hombre por ser importante, le origina una forma de penar y de conducta contraria a los valores y al comportamiento que son consecuentes con la vida de un siervo a la semejanza de Cristo.  Invariablemente, le conducirá a una conducta con patrones defensivos y protectores que automáticamente le pondrán por sobre los demás.[6]

(7)    Finalmente, otro elemento importante en vivir como siervos, es hacerlo de acuerdo a la perspectiva de la eternidad, teniendo metas y valores eternos.  Si fue cierto para el Señor Jesús —y lo fue— entonces también debe serlo para nosotros (ver nuevamente Juan 13:1s; Hebreos 12:1-3).  Esto significa aprender a vivir como peregrinos, como aquellos que viven con la visión del Trono del Juicio de Cristo y con lo que Él dijera:  “Bien, buen siervo y fiel…”  (cf. 2ª Corintios 4:15-18; 10:10-18 con 1ª Corintios 4:1-5).

Principio:  Al seguir el ejemplo del Señor, los creyentes deben actuar como siervos que desean ministrarse los unos a los otros con servicio de amor y generosidad.

Tema:  Al estar sometido al Señor y a los demás, ¿busco oportunidades para servir, o pretendo que me sirvan en la búsqueda de mis propios deseos?

Conclusión

Buscando promover una vida como siervos, el apóstol nos recuerda en Filipenses 2:1, que en Cristo hay aliento, un consuelo provisto por amor, comunión con el Espíritu, como asimismo afecto y misericordia.  Creo que los tres primeros:  aliento en Cristo, consuelo provisto por amor y compañía en el Espíritu, son los que llegaron a nosotros al caminar con el Salvador —son el producto de la comunión con Él.  Los últimos dos:  afecto y misericordia, pueden referirse a los resultados de tener a Cristo en nosotros, que se expresa en los demás teniendo hacia ellos una preocupación generosa.  En otras palabras, como el Dios de paz y todo consuelo, Dios desea que tengamos Su paz y desea consolarnos; pero está más preocupado de nuestro carácter manifestado en una vida de servidumbre que en nuestro bienestar.  Su última meta no es consentirnos física o emocionalmente, sino que perfeccionarnos espiritualmente, transformándonos a la semejanza del Señor Jesús.  El Señor Jesús se dio a Sí mismo redentoramente por nosotros para restaurarnos delante de Dios y crear un pueblo que viviría como siervos de Dios al servicio de otros, proclamando las buenas nuevas y amando a los demás por Él.  Por lo tanto, al igual que Cristo se entregó a Sí mismo, así quiere Dios que nos entreguemos por los demás.

En su libro:  The Quest for Carácter [La Búsqueda de un Carácter] y en el capítulo titulado:  “El Don que Vive”, las palabras de Swindoll desarrollan una conclusión que le viene muy bien a este estudio:

«En nuestra sociedad donde la abundancia de consentimientos es desenfrenada, a menudo no sabemos que clase de regalos comprar a nuestros amigos y a los que amamos en ocasiones especiales.  Para algunos (especialmente para quienes ‘lo tienen todo’) no sirven los regalos típicos.  En las tiendas no existe nada que pueda satisfacer nuestras fantasías.

Tengo una sugerencia.  Es algo que no se parece en nada a esa novela tan de moda y tan cara, créanme; pero siempre viene bien.  Es una de aquellas cosas que tiene un gran precio; pero sin valor agregado.  Puede perderse; pero nunca se olvidará.  No tiene problemas de tamaño tampoco.  Se adapta a todas las formas, a cualquier edad y a todas las personas.  Este regalo ideal, es…  tú mismo.  En tu búsqueda por un carácter, no olvides el valor de la generosidad.

Está bien, entrega algo de ti»[7]

Entrega una hora de tu tiempo a alguien que te necesite.  Envía una nota de aliento a alguien que esté desalentado.  Da un abrazo de afirmación a alguien de tu familia.  Haz una visita de misericordia a alguien que ha sido dejado a un lado.  Regala una comida que hayas preparado a algún enfermo.  Entrega una palabra de consuelo a alguien que perdió a un compañero.  Sé bondadoso con alguien que se siente menospreciado y que fácilmente es olvidado:  “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”  (Mateo 25:40).


[1] He tomado los primeros tres ‘si’ para que recordemos lo que tenemos a través del Salvador, considerando el cuarto ‘si’ apuntando al resultado que se tendrá en el sentido de crear afectos y misericordia hacia otros a quienes buscamos servir.

[2] J. Dwight Pentecost, The Joy of Living.  A Study of Philippians; [El Gozo de Vivir.  Un Estudio Sobre Filipenses], Zondervan, Grand Rapids, 1973, pp. 68-69.

[3] Lawrence J. Crabb Jr., Effective Biblical Counseling [Consejería Bíblica Efectiva], Ministry Resources Library, Zondervan, Grand Rapids, 1977, p.20.

[4] Ben Patterson, “A Faith Like Mary’s” [Una Fe Como la de María], Preaching Today [Predicando Hoy], Cinta Nº 89, tomado de Bible Illustrator for Windows [Ilustrador Bíblico para Windows], 1990-1998.

[5] Ted W. Engstrom, The Making of a Christian Leader, [Cómo se Hace el Líder Cristiano], Zondervan, Grand Rapids, 1976, p. 37.

[6] La búsqueda de ser importantes y de otros tantos deseos carnales, originan una tremenda barrera a la auténtica vida del siervo.  Para un estudio más profundo sobre este tema, les recomiendo algunos libros sobresalientes:  Perilous Pursuits [Búsquedas Peligrosas], de Joseph M. Stowell, Moody Press, Chicago, 1994 (el título principal en la cubierta del libro, es:  Our Obsesion with Significance [Nuestra Obsesión por Ser Importantes]; y The Search of Significance [La Búsqueda de ser Importantes], por Robert S. McGee, Rapha Publishing, Houston, 1985.  Ver también The Hunger for Significance [Hambre por ser Importantes], R.C. Sproul, Regal, Ventura, Calif., 1993).

[7] Charles R. Swindoll, The Quest For Character [La Búsqueda de un Carácter], Multonomah Press, Pórtland, 1987, pp. 177-178.